AP√ĀGAME ūüöíūüí¶ EL FUEGO ūüĒ•

(EL BOMBERO MASAJISTA, PARTE 1)

Frot√°ndome las manos para entibiarlas despu√©s del chorro de agua fr√≠a con jab√≥n, sal√≠ del ba√Īo con decisi√≥n lista para besar apasionadamente la siguiente jarra de cerveza, que sab√≠a me estaba¬†esperando escaleras abajo. Lo que no sab√≠a que me esperaba justo al otro lado de la puerta, a pesar de todas las se√Īales previas derivadas del feroz coqueteo, eran los labios de Andr√©s, que me taladraba pesta√Īa por pesta√Īa mientras se abalanzaba sobre m√≠ acorral√°ndome contra la pared cual le√≥n atra√≠do por la hembra en celo dominante del territorio. Fueron d√©cimas de segundo, y ten√≠a su lengua como brasa avivando la m√≠a y su garganta en llamas cual drag√≥n en actitud de ataque. No hab√≠a nadie alrededor, excepto dos cuadros con las im√°genes de San Juan de Dios y San Flori√°n, patronos de los Bomberos (el primero, tambi√©n de los Enfermeros, los Borrachos y los Vendedores de Libros, cosa que no deja de tener su gracia).

San Juan de Dios (Murillo) y San Flori√°n.

San Juan de Dios (Murillo) y San Flori√°n.

Eran las 2 de la madrugada de un viernes, y est√°bamos en la Compa√Ī√≠a de “extinguidores humanos” a la que pertenec√≠a Andr√©s y en la que yo hab√≠a ca√≠do por obra del azar, invitada en el √ļltimo momento a tomar¬†unas copas por un vecino m√≠o “del cuerpo”.

Hab√≠a compa√Īeros de turno durmiendo en los pisos superiores, y otros, como ellos, relaj√°ndose entre amigos y recibiendo visitas ociosas como yo, que nunca antes hab√≠a pisado una estaci√≥n de “apagafuegos” y que, en cuanto fui convocada, tuve claro que no me lo pod√≠a perder. El tal Andr√©s, tras una hora¬†de conversaci√≥n y qu√≠mica aplastante, y antes de estamparme contra el muro exterior del WC dej√°ndome m√°s plana que la silueta de un dibujo animado y m√°s caliente que el pico de una plancha, me hab√≠a confesado que ten√≠a novia, ante lo cual yo suspir√© con cierto gesto de resignaci√≥n y una carcajada, acostumbrada a la repetitiva experiencia de cruzarme en el camino del¬†d√≠a y de la noche con machos no disponibles para m√≠ (algunos incluso no disponibles ni para s√≠ mismos). Poco despu√©s de dichas declaraciones, √©l se hab√≠a levantado de la mesa para ir al servicio, y un par de minutos m√°s tarde yo hab√≠a hecho lo mismo (aclaro que sin ninguna mal√©vola intenci√≥n oculta), y fue al disponerme a regresar cuando me vi abducida por primera vez por este volc√°n masculino anhelante de erupcionar… dentro de m√≠.

“El cuerpo” de bomberos

Mientras √©l me quemaba los pechos con la palma de las manos por debajo del jersey, yo ca√≠a en cuenta de la iron√≠a y me re√≠a sola. En mitad de aquel g√©lido pasillo, me sent√≠a como turista accidental sudando hasta el bikini en una tarde de verano en pleno Caribe. Y lo √ļnico en lo que quer√≠a pensar era en ser ba√Īada generosamente por la manguera m√°s cercana.

Para poder levantar esa manguera, pero sin levantar sospechas, despu√©s de aquel avance¬†cinematogr√°fico del “aqu√≠ te pillo, aqu√≠ te mato” que √≠bamos a protagonizar pr√≥ximamente en nuestras pantallas, acordamos volver al bar por separado y continuar charlando con el resto del grupo con cara de “aqu√≠-no-est√°-pasando-nada”. Me aventuro a suponer que no lo conseguimos, porque las feromonas nos hac√≠an brillar igual que luci√©rnagas en la oscuridad, pero en nuestro estado de ardiente ingenuidad osamos intentarlo.

Manguera profesional

Manguera profesional “apagafuegos”

Al poco rato, mi vecino propuso un tour por el recinto, así que empezamos a recorrer salas de reuniones, cocina, comedor, hasta llegar al hangar donde descansaban las máquinas junto a las barras de metal por las que en caso necesario se deslizarían los que estaban de guardia. Andrés me rozó un brazo y me dijo al oído: espera, yo te sigo haciendo de guía. Y mientras el resto del grupo avanzaba hacia otras dependencias, nosotros nos quedamos atrás con la excusa de tomarme unas fotos en los postes de emergencia, al más puro estilo bailarina exótica, versión vestida.

Yo, posando al estilo bomberil. Esto del ‚Äúpole-dance‚ÄĚ parece que no es lo m√≠o.

Yo, posando al estilo bomberil. Esto del ‚Äúpole-dance‚ÄĚ parece que no es lo m√≠o.

Rápidamente, los asistentes comenzaron a hacer mutis por el foro hasta que éramos nosotros dos solos.

“Quieres ver alguno de los coches por dentro?”, pregunt√≥ el bombero. “Me encantar√≠a”, contest√≥ mi diabla interior.

Cualquiera jurar√≠a que con el tama√Īo exterior de los camiones el espacio interior deber√≠a ser m√°s o menos¬†razonable… Pues no.

Todo esto, en vez de parecerme un inconveniente, tornaba la situación más excitante.

Yo para ser feliz quiero un cami√≥nūüöí

Yo para ser feliz quiero un cami√≥nūüöí

Despu√©s de aquel episodio, no exagero al afirmar que qued√© suficientemente documentada para escribir lo √ļltimo en gu√≠as log√≠stico-er√≥ticas: “Kamasutra pr√°ctico para latas de sardinas, armarios escoberos, medias ba√Īeras, autom√≥viles de dos plazas y otros espacios reducidos”.

El asiento en el cual ejercitamos desde la postura del misionero hasta la del 69, ten√≠a a su espalda los cascos anti flama, los buzos de bombero y las botas aislantes, preparados para vestirse en la misi√≥n ante la llamada de alarma. Nosotros, sin embargo, aplicamos malabarismos indescriptibles para desnudarnos, a retazos, el uno al otro. La urgencia era tal que recuerdo estar mont√°ndome en su tremenda polla asom√°ndose entre los dientes de la cremallera con el pantal√≥n a√ļn puesto mientras √©l me mord√≠a ambos pezones simult√°neamente, envolvi√©ndome la cabeza con el top como venda improvisada y embistiendo mi co√Īo a comp√°s con mis caderas. Posteriormente me sentar√≠a de espadas a √©l, posando mi culo suavemente sobre la punta de su miembro, y bailar√≠a con el peligro hasta que el peligro mismo se sumergiera en m√≠ hasta el fondo. Tumbada sobre el estrecho banco, viendo las ventanillas empa√Īarse tras mis p√°rpados entrecerrados, creo que desaparec√≠ un instante cuando su boca se perdi√≥ entre mis labios inferiores y me penetr√≥ con un beso desde el cl√≠toris hasta donde alcanz√≥ el lamet√≥n en mi vagina. Llegados a ese punto (y tambi√©n llegados al punto G), mi “problema” era algo a medio camino entre inundaci√≥n e incendio… Suerte que el “apagafuegos” no s√≥lo ten√≠a una manguera poderosa sino que tambi√©n sab√≠a nadar con los dedos y la lengua como un profesional de los deportes acu√°ticos sexuales, categor√≠a d√ļo, nivel Olimpiadas.

El censo resultante, una vez pasado el fragor de la batalla, fue positivo para ambos contendientes a pesar de las lesiones: tres fuertes polvos, incontables hematomas en las piernas, una leve huella de colmillo aqu√≠ y all√°, las sonrisas (horizontal y vertical) alegremente inflamadas, las cabelleras enmara√Īadas como si hubieran pasado por un violento proceso de centrifugado, las mejillas enrojecidas de no tener verg√ľenza y, por mi parte espec√≠ficamente, alg√ļn desvanecimiento extra m√°s all√° de los orgasmos del “enemigo” (no lo puedo evitar, soy multiorg√°smica…).

El bombero y la leona

El bombero y la leona

Cuando el le√≥n y la hembra en celo abandonamos el terreno arrasado, eran casi las 5 de la ma√Īana. Dejamos atr√°s un intenso olor a sexo, no a azufre, aunque al salir de all√≠ bien parec√≠amos estar saliendo del infierno cual supervivientes orgullosos.

Me llev√©, como trofeo de guerra, un ba√Īo de ADN masculino en las botas de ante que calzaba esa noche, y tambi√©n la certeza de que el “extinguidor humano” reaparecer√≠a para apagarme el fuego alguna vez m√°s, en el mundo exterior, m√°s temprano que tarde… Ya fuera en otro infierno, en el limbo de los vivos o en alg√ļn purgatorio improvisado para llegar al cielo de los que ardemos por dentro, como √©l y como yo.

(√Čsta¬†es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ning√ļn¬†bombero ha sufrido da√Īos durante la redacci√≥n de este texto. Los Santos Patronos de los bomberos contin√ļan brind√°ndole su protecci√≥n al gremio).

© Lola Mento

Aquí con mi amigo Andrés

Aquí con mi amigo Andrés

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