EL ENANO PARLANCHÍN (O cómo un timbre de voz puede marcar la diferencia)

Su nombre prometía. Y mucho. Tenía el mismo nombre de pila que el número 1 de mi lista en proezas sexuales.

Aquiles listo para arrasar

Aquiles listo para arrasar

Tenía, además, unos rasgos tremendamente masculinos, y la actitud de un Aquiles dispuesto a follar hasta dejar el ultimo aliento en el campo de batalla de la alcoba.

En sus fotos de perfil exhibía unos bíceps de griego clásico que daban ganas de morder, y una sonrisa de un millón de dólares que ni el David de Miguel Ángel…

Tenía 36 años y una hija de 5, y hablaba de ella como Zeus de Afrodita en pleno ataque de orgullo paternal.

Había llegado en moto, pidiendo asilo para su bestia negra en el estacionamiento de visitas. Yo lo saludé desde el balcón y me dio la impresión de que la moto era muy grande. Al abrir la puerta, me di cuenta de que el tamaño de la moto era normal. El de él, sin embargo… no tanto.

Mientras lo recibía con cara de “feliz cumpleaños”, calladamente llegaba a una conclusión: “Soy demasiado rubia para hacerme la Blancanieves”.

Blancanieves y sus 7 enanitos

Blancanieves y SUS 7 enanitos

A pesar de la decepción inicial, que traté de sacudirme mentalmente por el bien de la humanidad y el mío propio, la cita con el mini macho transcurrió, si no de forma especialmente interesante, al menos divertida.
Entre picoteo y picoteo, trago y trago, mantuvimos una conversación digna de comedia romántica y, en algún punto ya avanzada la velada, el efecto de las dos botellas de vino se empezó a hacer notar.

Yo, esa noche

Yo, esa noche

Era casi verano, fin de semana y, después del esfuerzo puesto en la cocina y ante el espejo (aquella noche yo estaba siendo algo a medio camino entre un femenino Ferrán Adriá y una castiza Claudia Schiffer), me merecía como mínimo un buen orgasmo.

Dentro de la nebulosa alcohólica y sobre todo basándome en mi intuición no tenía tan claro que el personaje en cuestión me lo pudiera proporcionar… pero no perdía nada por intentarlo.

Gracioso era, o al menos ponía empeño en parecerlo. Guapo también, sobre todo si obviaba el pequeño detalle de que al ponernos de pie yo le sacaba dos cabezas de ventaja sobre mis tacones… Pero para eso estaban las banquetas de la terraza: para relacionarnos en posición sentada y mirarnos a los ojos sin generar tortícolis ni pinzamientos de nervio indeseados en la zona cervical.

Igual mi metro diez de pierna (contado desde la cintura a los talones, igual que Pretty Woman) se destacaba escandalosamente desde la abertura de mi vestido blanco de seda cada vez que me acomodaba en mi asiento o hacía un cruce de luces a lo Sharon Stone en Instinto Básico…

Para cruce de piernas, el mío!

Para cruce de piernas, el mío!

Ahí estaba yo, cual cariátide sorprendida cuestionándome si renunciar al cargo, sabiendo que si sostenía el peso del Erecteion sobre mi cabeza era por decisión propia, esclava del dedo que había pulsado “Me gusta” aquella tarde en Kinder.

Pero ya de perdidos… al río.

Cuando me atacó haciendo un alarde de masculinidad decisiva, su mano caliente hurgando por debajo de mi falda hacia mi ropa interior, su lengua mojada en mi garganta durante varios minutos, me dije: “Qué demonios?”. Y tomándolo de una mano me lo llevé a la cama.

Piel erizada, labios ansiosos, coño mojado, su polla erecta como el templo del cual yo parecía columna honorífica engrandeciéndose al paso y entrando en mi Oráculo de Delfos hasta el fondo… Y entonces, de la nada, empezó a hablar. O a balbucear. O a recitar, quizá, un mantra sexual que a él le excitaba.

– Aaaaaahhhhhh… Qué riiiicoo!!! Mmmmmm… Síííííí… Me encanta!!! Aaahhhhh… Quééé riiiicooooooo!!! Me vuelves loco… Mmmmmmm!!! Te gusta??? Ohhhh, síííí… Aaaahhhh… Aasííí!!! Qué riiiiiiiicoooooooo!!!!

El mantra del enano parlanchín.  Por favor recítese esto repetitivamente en clave de Do.

Versión tántrica profesional del mantra del enano parlanchín.
Por favor recítese esto repetitivamente en clave de Do Mayor para darle más realismo.

Hasta ahí, pensaréis: todo normal.

Lo que os está faltando, y voy a ver si soy capaz de describirlo, es la pista de audio de esta película… Porque, metidos en faena, el timbre de voz de mi motorista de estatura limitada era, cómo decirlo?? …Más agudo que el pitido de una tetera en alarma de hervor.

Al parecer, Leonardo, que así se llamaba esta versión no castrada de Farinelli (con un par!), al alcanzar los 100•C de temperatura chillaba cual princesa de cuento al caer en brazos del príncipe valiente que la salvaba de ser devorada por el dragón de turno.porquenotecallas

Ohm… Ohm… Esto no me puede estar pasando” pensaba para mis adentros mientras su cara fruncida por el esfuerzo se transfiguraba en la cara del enano Rumpelstiltskin.

El mini macho transfigurándose en enano

El rostro del mini macho transfigurándose

“Lola, cierra los ojos, concéntrate!”, me repetía en silencio a mí misma. Y, mientras, él, golpeándome la vagina con su instrumento cual minero blandiendo su pico ante la mina de oro de mis entrañas. Y, por supuesto, como en la historia, HI-HO, HI-HO, “silbando al trabajar”…

“Pero, por Dios, enano Rumpelstiltskin, te puedes callar de una vez, que así no hay quien se corra???”…

Quería gritar eso, y no podía. Tuve que hacer un afanoso trabajo de abstracción y sumergirme en el recuerdo de una de las escenas eróticas más memorables de mi vida para finiquitar aquello sin tener que fingir. Pobrecito, igual le había puesto ahínco a la cópula… Sólo necesitaba operarse la voz… Y crecer un par de palmos, claramente.

Nos quedamos traspuestos no sé por cuánto tiempo, y al darme cuenta de que en el lado derecho de la cama yacía desnudo un hombre bajito me sobresalté… Lo miré dos segundos mientras roncaba, y no lo dudé ni un instante: se tenía que ir. En una maniobra veloz me puse el camisón y, de rodillas sobre el colchón, me acerqué a él y empecé a zarandearlo con una mano. Tenía cara de encontrarse en otro planeta, y al parecer lo estaba.

– Leonardo… Despierta.

Si las miradas mataran, aquellos ojos bizcos de sueño me hubieran fulminado sin contemplaciones. Se incorporó levemente.

– Corazón, son las 4 de la mañana y estoy súper cansada. Llegué ayer de viaje después de 1 semana fuera, y necesito dormir. Quiero mi cama para mí sola, y quiero dormir con mi perra… Así que te voy a pedir, por favor, que te vayas.

Pochola acomodándose en nuestro trono nocturno

Pochola acomodándose en nuestro santuario nocturno

Creo recordar que el único sonido que el “castrati” no castrado logró emitir fue un: “…Qué???”.

Pitufo-GruñónDe Rumpelstiltskin pasó a Pitufo en 3, 2, 1. Estaba azul de la impresión. Y, además de azul, paralizado (una muestra más de que el Príncipe Azul, cualquiera sea su talla, destiñe).

Como no reaccionaba, para ayudarlo a captar la directa, me levanté y me puse a ordenar los restos del naufragio de la reunión: despejé la mesa, barrí la terraza, saqué la basura, lavé los platos y las copas… imageAl cabo de unos largos minutos, mientras yo orbitaba hiperactivamente por la casa cual demonio de Tasmania versión sexy, apareció el muerto viviente en mi salón completamente vestido, con gesto de niño de 2 años en plena pataleta y el móvil en la mano a modo de estandarte de su desgracia.

“No sé por dónde me voy a ir, está todo lleno de policías”, y me muestra la pantalla de su teléfono con una famosa aplicación que detecta patrullas en la carretera.

“A ver, bonito, ya eres grande, es tu problema cómo o por dónde te vayas, pero yo quiero mi cama para mí sola”… En vez de espetarle esto, que hubiera valido la pena solamente por disfrutar su expresión de indignación e incredulidad, decidí ser benévola y sencillamente permanecí muda mientras me encogía de hombros. Y, sin prestarle más atención a su molestia, proseguí con mi proceso de restauración de orden.

Dentro de su enfurruñamiento, finalmente vio la luz y se marchó con el ceño fruncido cual vampiro enfrentándose al amanecer (el muy histérico exageraba, porque aún estaba oscuro).

Leonardo sufriendo el Síndrome de Nosferatu

Leonardo sufriendo el Síndrome de Nosferatu

Le di un leve beso en los labios y cerré la puerta con un suspiro silencioso.

La liberación y el placer que sentí cuando me acosté y estiré brazos y piernas (y os recuerdo que tengo metro diez de piernas y el largo de brazos de una extraterrestre) fue indescriptible. image

Inmediatamente, Pochola subió de un salto a nuestro trono de reinas y se acurrucó a mis pies. La armonía nos arropó a ambas hasta dormirnos en la República Independiente de las Dos Perras.

Descansé casi 10 horas seguidas, profundamente en paz con el universo.

Al abrir un ojo a las dos de la tarde, chocó contra mi retina una enorme parrafada en WhosApp. Por supuesto, era de Leonardo.

– Qué rico, quiero más, pero sobrio y sin tanto sueño 🙂  Por cierto, mis vaqueros son una bola de pelos de tu perra! Jajajaja… Cómo estás?

Y añadía: “Debo decir que eres una delicia pero me hiciste irme de tu casa sin carnet de conducir, ebrio, con sueño y con un ejército de guardias civiles por la ciudad 😦  “.

La amenaza fantasma de la Benemérita

La amenaza fantasma de la Benemérita

Vamos, que además de enano y con voz de pito este tío tenía complejo de víctima y trataba de manipular a través de él… Una joya!!!

Pobrecito, no sabía dónde se metía cuando redactó aquello… Pensaría que la respuesta iba a ser favorable? Creería que yo, por culpabilidad o empatía, le pediría perdón y lo acogería en mi lecho a la noche siguiente?? Albergaría en su mente la idea de que si lo había echado abruptamente de mi cama a las 4 am era porque realmente estaba interesada y me estaba haciendo la difícil???

Adiós, enano!!!

Adiós, enano!!! A ver si te enteras: NO me estoy haciendo la interesante!!!

Lo que consiguió con aquel mensaje, sin embargo, fue esto:

– Corazón, eres un encanto pero no te quiero generar falsas expectativas. Simplemente sé que no eres para mí por más atractivo que te encuentre… Mereces estar con una mujer que muera por estar a tu lado. No era coherente dejarte dormir conmigo para decirte esto mismo hoy. Me encantó conocerte. Cuídate mucho ; *

A lo que él, 36 minutos más tarde (parece que le costó asimilarlo), contestó:

– Ok. Besos! En todo caso mis expectativas las puedo manejar yo, pero gracias por la preocupación 😉  Cuídate y mucha suerte! Leonardo.

Respiré tranquila, satisfecha con el resultado.

Lo había mandado a freír monos, y lo había hecho como una dama. Después de esto, su ego herido no debería permitirle insistir más… O sí???

freirmonos

Leonardo, después de ser rechazado por mí

29 horas después, en mi móvil suena una rotunda campana. Es Leonardo en WhosApp.

Érase un hombre a un teléfono móvil pegado

Érase un hombre a un teléfono móvil pegado

– Cómo has estado, cómo va todo? Todavía tengo pelos de tu perra… Jajaaaa! Te suena de algo Ricardo Ríos?

El tal Ricardo Ríos era un contacto en común en Fakebook. Alguien con quien yo había tenido cierta relación en mi etapa de casada por el círculo de amigos de mi ex marido. O sea, para mí, alguien de la prehistoria.

Ante su pobre excusa para meterme conversación, repliqué con desgana al día siguiente, explicándole eso mismo: que el tal Ricardo había estado en mi entorno pero ya no: “Si te refieres a Ricardo Ríos Fuentes, sí lo conozco. Él y su pareja eran parte de mi grupo de amistades cuando estaba casada. Cuando me separé los eliminé de Fakebook para guardar distancia total con mi ex, así que no he vuelto a saber nada de ellos”.

– Ah, claro. No lo veo hace tiempo pero puede ser que nos hayamos cruzado en su casa.

– No. Imposible! Jajaaa… No creo que ninguno de los dos tengamos tan mala memoria, por lo menos yo no. Sólo he estado en su casa en cenas de pareja, y él en mi antigua casa también.

Silencio. Maravilla. El único posible vínculo no existe. Ahora me dejará en paz, supongo…

Pasan 48 horas escasas. Gong! en mi teléfono.

– Te dejo un saludo, y un beso. Pero no te montes películas, eh? 😉  Mmmuuackkk!!

shut up

Eeehmmmm… A ver… Espera que se me pase el atragantamiento producido por mi instantáneo y repentino ataque de risa: Me podrías explicar qué parte de “no me interesas” no entendiste???

En ningún momento agrego una sola palabra a su desesperada a la vez que absurda asunción de importancia… 3 meses y medio vuelan en mi calendario. Campana!

– Hola, Lola. Qué tal, qué es de tu vida?

Grillos cantando por mi parte… 2 semanas más.

Leonardo esperando un mensaje de vuelta en WhosApp

Leonardo esperando un mensaje mío de vuelta en WhosApp

– Hola?

Definitivamente ahí me empieza a dar pena. El enano parlanchín tiene un problema de comprensión.

“Corazón: NO ME INTERESAS!!!”, le grito dentro de mi cabeza, por si el universo lleva mi voz hasta su pensamiento y me ayuda a terminar de aclarárselo.

Más claro, el agua!

Más claro, el agua!

Para que lo termine de digerir y desista, aunque sea por extenuación, lo bloqueo en la aplicación.
Tiempo no cuantificado después (yo ya ni me acordaba de que existiera este individuo), me llega una solicitud de amistad en Fakebook. Es un tal Leonardo Guerrero.

Veo su foto, lo reconozco. Los rasgos tremendamente masculinos, los bíceps de griego clásico que dan ganas de morder, la sonrisa de un millón de dólares que ni el David de Miguel Ángel…

image

Qué nombre más bien puesto, me digo a mí misma. Aunque más que guerrero es kamikaze, porque lleva unas cuantas batallas perdidas en este territorio que no está a su alcance y a pesar de todo lo sigue intentando…

Ignoro la solicitud. Unos meses más tarde, ataca de nuevo. Y yo lo ignoro de nuevo.

Y me pregunto: será éste el truco infalible para que los hombres te busquen? Habrá que echarlos de la cama en plena madrugada?? Habrá que ignorarlos en reiteradas y consecutivas ocasiones para que te sigan escribiendo???

Creo que no sirvo para esto…Mejor me retiro a un convento, o me caso con mi amigo a pilas. Al fin y al cabo, él sólo se enciende cuando yo quiero. Y suena a ronroneo, no a “castrati” verborreico ni a tetera en pleno hervor. Será porque no alcanza los 100•C de temperatura? Vete tú a saber… Entre el enano parlanchín y el vibrador, definitivamente me quedo con el segundo.

Si me admiten el consolador, me planteo lo de ser monja!!!

Si me admiten el consolador, me planteo lo de ser monja!!!

(Ésta es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ningún padre con complejo de Zeus, enano parlanchín, guardia civil de carretera o usuario persistente de las redes sociales ha sufrido daños durante la redacción de este texto. Rumpelstiltskin y los Pitufos continúan siendo personajes de cuento. Y yo sigo sin responder solicitudes de amistad del motorista bajito… Porque yo lo valgo!).
© Lola Mento 💃

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5• Relato al acecho…

En modo escritura✒️📜!!!

Muy pronto, el 5• relato de #50polvosdelola os demostrará que “toda la vida es sueño” y que hay personajes con los que una siente que está haciéndole un homenaje al título de la famosa serie de tv📺 “Historias para no dormir”… Pero en versión risa😄!!!

Permaneced atentos a este cuento moderno sobre el “enano parlanchín”, descubriréis un nuevo concepto del “silbando al trabajar”😝…

 

QUE HABLEN DE MÍ, AUNQUE SEA BIEN😁😜😂!!!

Me siento orgullosa, Lola Mento tiene su primer anti-fan!!!

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…Si después de 1 mes y medio de rodaje en el blog ya tengo detractores y/o moralistas censuradores, es que algo estoy haciendo bien😜.

A los que sí tengan sentido del humor y ganas de ver más allá de la obviedad (esta Lola es mucha Lola, y da para leerla entre líneas y entre letras) los invito a seguir disfrutando de mis relatos basados en hechos irreales de la vida.

Nos vemos al otro lado de la pantalla!

💋

© Lola Mento💃🏻

EL ROCKSTAR VIGORÉXICO METROSEXUAL MOTERO NEW RICH BUDISTA FAN DE KUBRICK (O el arte de llenar vacíos en un cerebro con neuronas afectadas)

EL ROCKSTAR VIGORÉXICO METROSEXUAL MOTERO NEW RICH BUDISTA FAN DE KUBRIK

 

Si las paredes hablaran...

Si las paredes hablaran… Éstas dirían puras barbaridades


El ojo de Malcolm McDowell y sus falsas pestañas pintadas a golpe de delineador me espiaban insolentemente entre el set de instantáneas de “La Naranja Mecánica” que cubría de manera pulcra las paredes mientras el dueño de la casa me metía la lengua hasta las amígdalas y me frotaba el paquete contra un muslo, arrancándome el vestido con dedos urgentes como tentáculos de pulpo en proceso de hervor.

Me tranquilizó que lo que sonara de fondo fuera una mezcolanza de música electrónica y no el Singing in the rain“, “La Gazza Ladra” o la “Novena Sinfonía” de Beethoven

Por un instante, en la terraza, antes de ir a parar a la siniestra y “kubrickiana” sala de cine del inmueble que había visto ya, aunque conocía de antes a mi cómplice sexual del minuto y no tenía referencias psicopáticas específicas, no había podido evitar acordarme de la escena de la violación en la película y temer que en algún momento el individuo sacara unas tijeras de la nada y me recortara dos círculos a la altura de los pechos. Qué queréis que os diga, una es muy fashion y no me hubiera hecho ninguna gracia destrozar el modelito de diseñador independiente que me había puesto para la velada.

Antes de empujarme sobre el brazo más cercano del sofá de cuero negro, Marco Antonio, que así se llamaba el individuo en claro homenaje al militar y político del gobierno de Julio César, con un gesto simple y autoritario me había dado la vuelta rápidamente y me había bajado el tanga hasta los tobillos al tiempo que me dejaba un rastro de saliva a lo largo de la espina dorsal. “Esto promete”, pensé, por su decisión en los movimientos…

Tira más un culo que dos carretas...

Tira más un culo que dos carretas…

Pero lo que pasaba es que era un culómano irredento que se alimentaba de mirar las posaderas de su partenaire (debo reconocer que se me ocurrió la posibilidad de que su verdadera identidad no hubiera salido del armario, pero no quise dejarme contaminar por esa idea).

Lo importante de esta postura es que el morenazo de metro ochenta y seis con ínfulas de rockstar claramente aprovechaba para hacer su entrada desde atrás y de esa manera disimular sus deficiencias.

Porque Marco Antonio, como buen wannabe, tenía aspiraciones, y aparentemente un gran concepto de sí mismo. Pero a la hora de la hora no llenaba sus propios zapatos, y mucho menos las expectativas de una Cleopatra de verdad como yo… Vamos, que la tenía más bien pequeña.

Cleopatra indiferente tras enterarse de que Marco Antonio la tiene pequeña

Cleopatra indiferente tras enterarse de que Marco Antonio la tiene pequeña

No era un miembro ridículo, pero sí limitado (sería consecuencia de algún cóctel de anabolizantes consumido en el gimnasio, como buen vigoréxico?). Le salvaba que tenía buen movimiento de caderas, circular, como de bailarín exótico entregado a su coreografía… Pero la audiencia, en este caso yo, le quedaba grande.

Por favor reemplazar visualmente a este caballero por el cuerpo serrano que Dios me dio

Por favor reemplazar visualmente a este caballero por el cuerpo serrano que Dios me dio

Y ojo, que mi vagina no está abierta de par en par cual Puerta de Alcalá (el monumento en cuestión, para más INRI, brillaba cual faro en la oscuridad al otro lado de los enormes ventanales como metáfora silenciosa de la situación). Es más, esa parte de mi anatomía está casi como venía de fábrica, es decir, sin himen pero igual de turgente, ya que no he tenido hijos más allá de mi perra Pochola, que es adoptada.

 En fin, ya metida en faena, y con un escenario semejante, decidí pasarlo lo mejor posible a pesar de las características del “equipamiento”. Total, la atmósfera era digna, al menos, de un par de polvos.

Buda descabezado por fines puramente decorativos

Buda descabezado por fines decorativos

Aparte de la sala de cine (sin comentarios), el salón con modernísimos e impolutos muebles blancos en los cuales reposaban botellas de los mejores licores, equipos electrónicos de tecnología punta y una peregrina cabeza representando al fundador del budismo (cabeza que corroboraba el discurso sobre búsqueda espiritual que el señorito me había largado durante la cena), estaba empapelado con gigantografias de los Guns & Roses, que era su banda favorita, según él proclamaba.

He aquí la banda favorita del interfecto, posando en las murallas del salón

He aquí el grupo fetiche del interfecto, posando en las murallas del salón

La terraza, en la que habíamos tenido nuestro primer encuentro cercano como culminación de una conversación prototípica que mostraba un falso interés de él hacía mí como persona, y en la que había dado señas de presentar neuronas afectadas tras una no declarada juventud de excesos, gozaba de una vista privilegiada al ya mencionado primer arco de triunfo de la civilización europea tras la caída del imperio romano.

Set toledano del asesino múltiple ideal

Set toledano del asesino múltiple ideal

Con tanto detalle friki, tanta parafernalia y tanta pulcritud ambiental no quise ni entrar en la cocina, no fuera a encontrarme algún cerebro metido en un frasco en el congelador o un juego de cuchillos más profesional que el de un asesino en serie colgando sobre el fregadero.

Su vestidor era digno de Sarah Jessica Parker después de casarse con Mr. Big (tenía una estancia solamente para sus zapatos) y el baño de visitas era un cubículo perfecto sacado de la revista de decoración más codiciada.

Cuando entramos en su dormitorio, los dos ya completamente desnudos, me encontré con una habitación inmaculada presidida por una instalación de luz de 3 x 2 que representaba a Buda meditando en un jardín zen.

Buda concentrado supervisando el acto desde el cabecero de la cama

Buda concentrado listo para supervisar el acto sexual desde lo alto de la cama

Ahí mi cerebro no congelado terminó de hacer cortocircuito (ni él mismo drogado hasta las orejas se creería lo de su búsqueda espiritual).

La cama, tamaño king (estaría tratando de compensar algo??) era un albo ring perfectamente dispuesto para la pelea: sábanas limpias, perfumadas y recién planchadas, las almohadas precisas y bien colocadas, ningún retrato en la mesita de noche como reminiscencia de ninguna ex…

Yo, clamando al cielo

Yo, clamando al cielo

En el momento en el que Marco Antonio me volvió a penetrar con su muestra de pene, esta vez al clásico estilo misionero, no pude evitar volver mis ojos hacia arriba y, a la vez que jadeaba para el público presente, preguntarle en silencio al Buda iluminado: “…Por qué a mí???”.

Rematamos el acto de forma bastante exitosa gracias a que mis dedos ayudaron en la operación y, después de un protocolario y breve post-coito hablando de nada, me llevó hasta La Moraleja en su 4×4 (a pesar de que era famoso por haberse comprado en cómodas cuotas un Ferrari de 160.000 €) y con un breve ósculo me despedí deprisa en la puerta, porque al día siguiente yo tenía que madrugar, y mucho. Quizá pensó que para esta hembra humilde pero capaz de tantas cosas era más adecuado un todo-terreno?? “Concedámosle el beneficio de la duda”, me dije a mí misma. “Es posible que no sea tan tonto como parecía…”, rezaba mi ángel. “Pero igual la tiene pequeña!”, gritaba mi diablilla interior.

El Emporio de los huevos estrellados... Con un par

El Emporio de los huevos estrellados… Con un par!

Pasaron varios días en que su interacción conmigo se basó en poner “Me Gusta” en Fakebook cada vez que yo compartía una foto de algo gastronómicamente interesante (el hombre con nombre de amante de Cleopatra y fastuosa mansión versión S. XXI, en realidad era el heredero del restaurante castizo con más solera, famoso por sus “huevos estrellados” y las visitas incógnitas de la familia real española a su tradicional cocina).

Después de una semana larga, a las 11 de la mañana de un sábado, me envió un escueto “Hola” por WhosApp, al que yo respondí por mero aburrimiento y como consecuencia de los efectos del alcohol.

Acababa de tener una de tantas noches gays, bebiendo cava y viendo vídeos tontos en YouTool con un amigo querido, que de hecho reposaba en la habitación de invitados mientras yo chateaba.

HandsomeDevil

Marco Antonio me empezó a provocar con fotos insinuantes repletas de músculos y miradas intensamente demoníacas (de hecho, en sus imágenes de perfil se jactaba de parecerse al mismísimo Satanás con su oscuro look de barba de chivo y su expresión turbia), y yo, desde mi cama, en mi aún ligera borrachera acentuada por la falta de sueño, le empecé a provocar de vuelta con una seguidilla de imágenes tomadas in situ y no aptas para menores.

El Fantasma de turno llegando en moto

El Fantasma de turno, llegando en moto

El resultado fue que él, que ese fin de semana se encontraba fuera de Madrid con unos amigos, decidió adelantar su retorno y aparecer en mi casa a las 2 de la madrugada cual Vengador Fantasma, despertando a todo el vecindario con el estruendoso rugido de su reluciente y azabache moto de 600 centímetros cúbicos, como si sus tímpanos estuvieran sordos, y su alma vendida al Diablo y su presencia de macho supuestamente alfa por encima del bien y del mal de este planeta.

Llegó completamente vestido de negro, así como salido de un vídeo musical de Depeche Mode, la marca italiana de la Medusa adornándolo de pies a cabeza, con una chaqueta de cuero tipo perfect, unos pantalones de tiro largo en plan moderno Lawrence de Arabia, una camiseta ajustada que le marcaba bíceps, pectorales y abdominales y unas zapatillas deportivas que más que para subirse a un potente motor de dos ruedas estaban pensadas para subirse a una pasarela. Agradecí el alarde estilístico, aunque sabía bien que el esfuerzo no era para mí, sino que simplemente no se podía remediar a sí mismo de lo metrosexual que era.

Antes muerto que sencillo!!!

Sin más preámbulos, yo, que lo había recibido enfundada en un ínfimo pijama de short y camiseta de tirantes que acentuaba todas mis curvas, lo tomé de la mano y me lo llevé a la cama.

De camino al matadero, comentó con sorpresa: “Es grande este piso, está muy bien. Además lo tienes bien decorado”. “Gracias”, respondí, mientras internamente hablaba conmigo misma: “Pues claro que lo tengo bien decorado, tengo buen gusto. Y no necesito gigantografías de cine ni rockstars para eso!”. En una décima de segundo me vino a la memoria su aparente humildad cuando, al entrar en su apartamento de lujo, él me advirtió: “Es pequeño, tiene sólo 160 m2 más terraza, pero para mí solo es suficiente. Además, un amigo decorador me ayudó a dejarlo exactamente como yo quería…”. Alabado sea Dios.

You don't have to put on the red light...
You don’t have to put on the red light…

Suspiré y lo tiré sobre mis sábanas de microfibra de poliéster antiarrugas color sangre de toro ante la lámpara con luz roja de mi mesita de noche, que nos miraba circunspecta mientras nos teñía la piel con su bombilla eficiente además de estética.

– Bienvenido al Infierno…

La reencarnación del mismísimo Jefe del Averno se empezó a desnudar frente a mí y, tras darme un beso con mordisco, hizo desaparecer por arte de magia mi ínfimo pijama. Debo reconocer que con la iluminación a lo “Roxanne” era un ejemplar digno de observar. Le faltaba grosor a su rabo de demonio, pero hay que destacar que le ponía enjundia.

Como era de esperar, no fue un polvo memorable, pero la situación “Ghost Rider-Lucifer” había tenido su gracia.

Incluso, cosa con la que no contaba, se quedó varias horas abrazándome mientras dormitaba pegado a mí como una lapa.

El new rich metrosexual vigoréxico motero rockstar budista fan de Kubrick era cariñoso. O, al menos, lo fue durante un rato… Hasta que empezó a sentir picores por todas partes y me confesó que le tenía alergia a los perros.

“Con lo linda que es mi Pochola”, pensé yo.

“Pobrecito”, susurró mi ángel interior.

“CHAO!”, vociferó mi diabla.

En aquel momento, dentro de mi cabeza...

En aquel momento, dentro de mi cabeza…

Y mientras tanto, en mi conciencia, los Guns & Roses empezaban a cantar:

You know where you are,

you’re in the jungle baby,

you’re gonna die

in the jungle.

Welcome to the jungle, 

watch it bring you to your

knees, knees…”.

(“Sabes dónde estás,

estás en la jungla, nene,

vas a morir

en la jungla.

Bienvenido a la jungla,

observa cómo te hace ponerte

de rodillas, de rodillas…”)

Ni que decir tiene que, tras quejarse, el señorito de la piel sensible se esfumó cual fantasma de vuelta a su inframundo dejándome felizmente sola en mi cama, cosa que agradecí de modo infinito… Esa cama santuario que compartiría inmediatamente después con la alergénica causante de sus males, Pochola, y en la que soñaríamos a dúo, como buenas perras, con una polla de tamaño natural, ella en versión canina, yo en humana, sin ningún tipo de pudor, lástima ni arrepentimiento de cortesía.

(Ésta es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ningún new rich, papel mural estampado, imagen de Buda, perra consentida o modelito de diseñador independiente ha sufrido daños durante la redacción de este texto. La Puerta de Alcalá continúa en su lugar presidiendo las actuaciones sexuales del protagonista, como metáfora silenciosa de que el tamaño sí importa. Y los Guns & Roses, para su tranquilidad mental, desconocen formar parte de las paredes del piso de lujo peor decorado de la historia de la humanidad).

© Lola Mento