EL ENANO PARLANCHÍN (O cómo un timbre de voz puede marcar la diferencia)

 

Su nombre prometía. Y mucho. Tenía el mismo nombre de pila que el número uno en mi lista de proezas sexuales.

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Aquiles listo para arrasar

Tenía, además, unos rasgos tremendamente masculinos, y la actitud de un Aquiles dispuesto a follar hasta dejar el ultimo aliento en el campo de batalla de la alcoba, caballo de Troya incluido, con la muerte en los talones.

En sus fotos de perfil exhibía unos bíceps de griego clásico que daban ganas de morder, y una sonrisa de un millón de dólares que ni el David de Miguel Ángel haciendo una campaña para Profident. Tenía treinta y seis años y una hija de cinco, y hablaba de ella como Zeus de Afrodita en pleno ataque de orgullo paternal en el Olimpo de los padres más súper del universo, Olimpo en el cual, dentro de su imaginación, él se merecía la condecoración a progenitor del milenio, que para algo era el más guay y el que más presumía de la perfección de su descendiente…

MarlonHabía llegado a lomos de su corcel mecánico, precedido por rugidos de motor y arropado, a lo Marlon Brando, por un halo de rebeldía adulta – o encubierta inmadurez, quién sabe – pidiendo asilo para su bestia negra en el aparcamiento de visitas. Yo lo saludé desde el balcón y me dio la impresión de que la moto era grande. Muy grande. Mayúscula. Enorme. Monumental. Gigante. Un Coloso de Rodas de dos ruedas. Al abrir la puerta, me quedó claro que el tamaño de la moto era normal. El de él, sin embargo, no tanto.

Mientras lo recibía con cara de feliz cumpleaños – educada que es una – , calladamente llegaba a una conclusión: “No importa mi color de pelo original, en este momento de mi vida soy demasiado rubia para hacerme la Blancanieves”.

Blancanieves y sus 7 enanitos

Blancanieves y sus 7 enanitos

A pesar de la decepción inicial, que traté de sacudirme mentalmente por el bien de la humanidad y el mío propio, así como quien se sacude la arena del pelo después de un largo día de playa para no ponerlo todo perdido, la cita con el mini macho transcurrió, si no de forma especialmente interesante, al menos divertida.

Entre picoteo y picoteo, trago y trago, broma y broma, guiño y guiño, mantuvimos una conversación digna de comedia romántica de los noventa – chistes malos incluidos – y, en algún punto ya avanzada la velada, el efecto de las dos botellas de vino se empezó a hacer notar.

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Yo, esa noche

Era casi verano, fin de semana y, después del esfuerzo puesto en la cocina y ante el espejo  – aquella noche, modestia aparte, yo estaba siendo algo a medio camino entre un femenino Ferrán Adriá y una castiza Claudia Schiffer -, me merecía como mínimo un buen orgasmo. Dentro de mi ligera nube alcohólica y sobre todo basándome en mi intuición no tenía tan claro que el personaje en cuestión me lo pudiera proporcionar… pero no perdía nada por intentarlo. Total, ya a esas alturas, de perdidos, al río.

Gracioso era, o al menos ponía empeño en parecerlo. Guapo también, sobre todo si obviaba el pequeño detalle de que al ponernos de pie yo le sacaba dos cabezas de ventaja sobre mis tacones, y una y fracción sin ellos…

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Gigante yo? O enano él??

Pero para eso estaban las banquetas de la terraza: para comunicarme en posición sentada, como presentadora de telediario, y poder así mirar a los ojos a mi público de un solo hombre sin generarme tortícolis ni pinzamientos de nervio indeseados en la zona cervical. Que ya no tengo edad para dármelas de Linda Blair en la escena estelar de “El exorcista”, ni mucho menos de Johnny Depp en “El jinete sin cabeza”. Me gusta mantener el cerebro sobre los hombros, alineado con el torso, y el pelazo en su sitio, a lo “vecina rubia”, justo encima del cerebro, que también está en su sitio el noventa y nueve coma nueve por ciento de las veces.

PrettyWoman_201PyxurzIgual mi metro diez de pierna (contado desde la cintura a los talones, igual que “Pretty Woman” en la escena de la bañera) se destacaba escandalosamente desde la abertura de mi vestido blanco de seda cada vez que me acomodaba en mi asiento o hacía un cruce de luces a lo Sharon Stone en “Instinto Básico”…

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Para cruce de piernas, el mío!

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El Erecteion de Atenas, sustentado por una corte de amables mujeres como servidora

Ahí estaba yo, cual cariátide sorprendida cuestionándome si renunciar al cargo, sabiendo que si sostenía el peso del Erecteion sobre mi cabeza era por decisión propia, esclava del dedo que había pulsado “Me gusta” aquella tarde en Tinder.

Pero como acabo de decir ya hace un minuto: de perdidos… al río.

Cuando me atacó haciendo un alarde de masculinidad decisiva, su mano caliente y osada como arma inquisitiva hurgando por debajo de mi falda hacia mi ropa interior, su lengua rápida y húmeda desatándose como látigo en mi garganta durante varios minutos, me dije: “Qué demonios?”. Y tomándolo de una mano, sin más miramientos, complejos ni reflexiones adicionales, me lo llevé a la cama.

Piel erizada, labios ansiosos, coño mojado, su polla erecta como el templo del cual yo parecía columna honorífica engrandeciéndose al paso y entrando en mi Oráculo de Delfos hasta el fondo… Y entonces, de la nada, empezó a hablar. O a balbucear. O a emitir sonidos que desconozco si pretendían ser inteligibles. O a recitar, quizá, algún mantra sexual que a él le excitaba.

– Aaaaaahhhhhh… Qué riiiicoo!!! Mmmmmm… Síííííí… Me encaaanta!!! Aaahhhhh… Quééé riiiicooooooo!!! Me vuelves locooo… Mmmmmmm!!! Te gustaa??? Ohhhh, síííí… Aaaahhhh… Aasííí!!! Qué riiiiiiiicoooooooo!!!!

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Versión tántrica profesional del mantra del enano parlanchín. Por favor recítese esto repetitivamente en clave de Do Mayor para darle más realismo a la escena.

Hasta ahí, pensaréis: todo normal.

Pues no.

Lo que os está faltando, y voy a ver si soy capaz de describirlo, es la pista de audio de esta película… Porque, metidos en faena, cual torero entrando a matar y toro entregándose a la muerte, el timbre de voz de mi motorista de estatura limitada era, cómo decirlo? Especial. De cariz elevado, y no me refiero al volumen, sino a la nota sobre el pentagrama. Vamos, todo lo alto que él no era. Afilado cual cuchillo, punzante cual aguja. Más penetrante que el miembro con el cual me taladraba. Más chirriante que el material quirúrgico de un dentista. Más lírico que una soprano en pleno acto clímax de una ópera. Más intenso que la sirena de evacuación en una central nuclear. Más agudo que el pitido de una tetera en punto de ebullición…

Al parecer, Leonardo, que así se llamaba esta versión no castrada de Farinelli – con un par! -, al alcanzar los cien grados centígrados de temperatura – o su equivalente en calentura humana – chillaba cual princesa de cuento al caer en brazos del príncipe valiente que la salvaba de ser devorada por el dragón de turno. Alabado sea Dios y su corte de ángeles cantores… Que también son sopranos, no me cabe duda.

“Ohm… Ohm… Esto no me puede estar pasando” mascullaba yo para mis adentros, con su pene paseándose por mis entrañas, mientras su cara fruncida por el esfuerzo se iba transfigurando a cámara lenta hasta convertirse en el semblante del enano Rumpelstiltskin.

El mini macho transfigurándose en enano

El rostro del mini macho transfigurándose durante el acto

“Lola, no lo mires, cierra los ojos, concéntrate!”, me repetía en silencio a mí misma en un alarde de meditación con el que pretendía salirme de mi cuerpo y hacer un viaje astral, lo más lejos posible de aquel ser, durante el polvo en curso. Y, mientras, él, golpeándome el hueso pélvico con su instrumento cual minero blandiendo su pico ante la mina de oro de mi vagina. Y, lo mismo que en la historia de los siete mini concubinos de Blancanieves – ponedle la musiquita de fondo al ritmo que lo leéis -, “HI-HO, HI-HO”… “Silbando al trabajar, tralará lará lará”… “HI-HO, HI-HO”…

La diferencia es que en la película de Disney era ella la que silbaba al trabajar, y aquí, excepto de “trabajar”, él se encargaba solito de todo lo demás: de los silbidos, de los cánticos, de las onomatopeyas, de las preguntas, de los gemidos, de los suspiros, de las exclamaciones, de los mantras, de las notas al margen que se le ocurriera hacer en el proceso… Vamos, que, durante el sexo, el tipo emitía más que radio policial en jornada de contingencia. Veinticuatro horas, siete días a la semana, ochenta y seis mil cuatrocientos segundos al día, tres mis seiscientos segundos a la hora.

“Pero, por Dios, enano Rumpelstiltskin, te puedes reservar tus comentarios, que así no hay quien se corra?!”. O, como le espetó el entonces Rey Juan Carlos I al Sr. Chávez en aquella cumbre iberoamericana de jefes de estado: “POR QUÉ NO TE CALLAS?”. porquenotecallas

Quería gritar eso, y no podía. Quería amordazarlo con la punta de la sábana, apretarle el botón del ombligo y que pasara instantáneamente a modo mudo, como si su carne tuviera incorporado un cuadro de mandos básico, a lo televisor antiguo… Tuve que hacer un afanoso trabajo de abstracción y sumergirme en el recuerdo de una de las escenas eróticas más memorables de mi vida para finiquitar aquello sin tener que fingir. Pobrecito, igual le había puesto ahínco a la cópula. Sólo necesitaba operarse la voz. Y crecer un par de palmos, ya de paso…

Lo cierto es que no me daba pena alguna.

Nos quedamos traspuestos sobre el campo de batalla improvisado no sé por cuánto tiempo, y al despegar las pestañas y darme cuenta de que en el lado derecho de la cama yacía desnudo un hombre muy bajito con cuerdas vocales de dudoso timbre y sin botón de Mute, me sobresalté… Lo miré dos segundos mientras roncaba – en esto no había musicalidad alguna -, y no lo dudé ni un instante: se tenía que ir. En una maniobra veloz me puse el camisón y, de rodillas sobre el colchón, me acerqué a él y empecé a zarandearlo con una mano. Tenía cara de encontrarse en otro planeta y, al parecer, lo estaba.

– Leonardo… Despierta.

Houston llamando a Apollo 13: “Necesitamos que salga de esa nebulosa”. Torre de Control a avión privado: “Abandone la pista número uno, repito, abandone la pista número uno, autorización denegada para estacionar”. “Arriba, arriba, ándele, ándele”, que hubiera gritado Speedy González. “Abre los ojos”, que hubiera susurrado Najwa Nimri si esto, en vez de una adaptación realista del cuento de “El Enano Saltarín”, hubiera sido una peli de suspense de Amenábar.

En realidad, terror fantástico no nos faltaba. Si las miradas mataran, en aquella escena yo habría sido el blanco y aquellos ojos bizcos de sueño me hubieran fulminado sin contemplaciones, muy al estilo Marvel cuando los malos atacan a los buenos. Como un rayo castigador mandado desde el cielo por el mismísimo Zeus, agraviado por esta mera mortal que, aunque Zeus no lo supiera, en verdad era mucho más diosa que él, y más guapa también – lo sé, no tengo abuela -.

Se incorporó levemente.

– Corazón, son las cuatro de la mañana y estoy súper cansada. Llegué ayer de viaje después de una semana fuera, y necesito dormir. Quiero mi cama para mí sola, y quiero dormir con mi perra… Así que te voy a pedir, por favor, que te vayas.

Pochola acomodándose en nuestro trono nocturno

Pochola acomodándose en nuestro santuario nocturno

Creo recordar que el único sonido que el verborreico castrato no castrado logró emitir fue un: “…Quééé???”.

Pitufo-GruñónDe Rumpelstiltskin pasó a Pitufo Gruñón en tres, dos, uno. Estaba azul de la impresión. Y, además de azul, paralizado. Quieto. Enmudecido. Desorientado. Congelado cual carámbano, sólo que en posición horizontal. Desparramado cual muñeco de trapo abandonado, chorreando confusión por cada poro, incluida la mirada cuyos iris no eran celestes pero igual destilaban reflejos de ese tono – una muestra más de que el Príncipe Azul, sea cual sea su talla, no sólo no sirve para nada sino que indefectiblemente destiñe -.

Como no reaccionaba, para ayudarlo a captar la directa me levanté y me puse a eliminar diligentemente los restos del naufragio de la velada: despejé la mesa, barrí la terraza, saqué la basura y las botellas vacías, lavé los platos y las copas…

imageAl cabo de unos largos minutos, mientras yo orbitaba hiperactivamente por la casa cual femenino demonio de Tasmania en picardías, apareció el muerto viviente en mi salón completamente vestido, chaqueta de cuero y todo, con gesto de niño de dos años en plena pataleta y el móvil en la mano a modo de estandarte de su desgracia, brazo en alto a lo Estatua de la Libertad sujetando la antorcha, pero con mala leche.

“No sé por dónde me voy a ir, está todo imposible” y, mientras pone entonación de mártir con su voz de pito y cara de pobre huerfanito sin amor con sus rasgos masculinos de foto de perfil, me muestra la pantalla de su teléfono con una famosa aplicación que detecta patrullas en la carretera, llena de puntos destacados con cabecitas de poli “jibarizadas”.

“A ver, bonito, que ya eres grande; es tu problema cómo o por dónde te vayas, como si te quieres pedir un taxi y volver mañana por la moto, pero yo quiero que te marches y quiero mi cama para mí sola”… En vez de soltarle esto, que hubiera valido la pena única y exclusivamente por disfrutar lo que intuyo que hubiera sido un espectáculo de indignación e incredulidad por su parte, decidí ser benévola y sencillamente permanecí silente mientras me encogía de hombros. Y, sin prestarle más atención a su molestia, proseguí con mi proceso de restauración del orden privado de mi casa.

Dentro de su enfurruñamiento, Rumpelstiltskin finalmente vio iluminada su consciencia por la aplastante realidad, cruzó el umbral de mi entrada hacia el otro lado y se alejó arrastrando los pies reticentemente, con la rabia contenida por un barniz de civismo, el rabo encogido entre las piernas y los ojos y el ceño fruncidos cual vampiro enfrentándose por fuerza al amanecer – el muy histérico exageraba, porque aún estaba oscuro y ni aun siendo vampiro se hubiera derretido al exponerse al horizonte -.

Leonardo sufriendo el Síndrome de NosferatuLeonardo en mi casa, sufriendo el Síndrome de Nosferatu

Le di un leve beso en los labios y cerré la puerta con un suspiro silencioso, sólo para equilibrar la energía del universo y compensar la desazón post coito y la verborragia sexual del personaje que se estaba marchando por mi puerta.

La liberación y el placer que sentí cuando me acosté en mi lecho al fin vacío y estiré brazos y piernas (y os recuerdo que tengo metro diez de piernas y el largo de brazos de una extraterrestre) fue indescriptible.

imageInmediatamente, Pochola subió de un salto a nuestro trono de reinas y se acurrucó a mis pies. Los cuatro angelitos que guardan mi cama llegaron a cuidarnos. El manto de la noche nos cubrió apagando la luna y las estrellas para no distraernos. Morfeo nos acunó entre sus brazos mientras el silencio nos canturreaba al oído una canción de cuna. La armonía nos arropó a ambas hasta dormirnos en la República Independiente de las Dos Perras.

Descansé casi diez horas seguidas, profundamente en paz con el planeta y todas las galaxias circundantes.

Al abrir un ojo a las dos de la tarde, chocó contra mi retina una enorme parrafada en WhatsApp. Por supuesto, era de Leonardo.

Qué pereza.

No podía evitar imaginarme el texto con su particular soniquete de contratenor. Manos a la cabeza dentro de mi mente… A veces no es bueno tener tanta imaginación.

– Qué rico, quiero más, pero sobrio y sin tanto sueño – carita feliz -. Por cierto, mis vaqueros están hechos una bola de pelos. Pelos de tu perra! Jajajaja… Cómo estás?

Y, por si fuera poco, en un segundo párrafo añadía:

– Debo decir que eres una delicia pero me echaste de tu casa sin carnet de conducir, borracho, muerto de sueño y con un ejército de guardias civiles por toda la ciudad” – carita triste -.

La amenaza fantasma de la Benemérita

La amenaza fantasma de la Benemérita, según Leonardo

Vamos, que además de enano y con voz de pito, este tío tenía como modus operandi tratar de muñequear al contrario a través de su intrínseco complejo de víctima.

Una joya.

Pobre alma en desgracia, que hubiera cantado Úrsula, la tentacular Bruja del Mar de “La Sirenita”. Este príncipe naufragado no sabía en qué orilla se metía.

Pensaría que los dioses del Olimpo habían escuchado sus plegarias y por tanto mi respuesta iba a ser favorable? Creería que yo, por culpabilidad o decencia humana o empatía, le pediría perdón y lo acogería en el tálamo a la noche siguiente?? Albergaría en su mente la idea de que si lo había echado abruptamente de mi cama a las cuatro ante meridiem era porque realmente estaba interesada y me estaba haciendo la difícil???

Así que me tocó darle una dosis de “Lolicidad” brutal. O brutalidad “lolística”. O “desenlolamiento” intensivo. Llamadlo X, si queréis, porque esto iba camino a ser un expediente clasificado de mi vida – y por aburrimiento -.

 

Adiós, enano!!!

Adiós, enano!!! A ver si te enteras: NO me estoy haciendo la interesante!!!

– Corazón, eres un encanto pero no te quiero generar falsas expectativas. Simplemente sé que no eres para mí por más atractivo que te encuentre. Mereces estar con una mujer que muera por estar a tu lado. No era coherente dejarte dormir conmigo para decirte esto mismo hoy. Me encantó conocerte. Cuídate mucho – carita con beso -.

A lo que él, treinta y seis minutos más tarde – o bien le costó asimilarlo, o bien estaba chateando con alguna nueva incauta, o bien su amada hija le había cogido el móvil para jugar Candy Crash, o bien se estaba haciendo el indiferente -, contestó:

– Ok. Besos! En todo caso mis expectativas las puedo manejar yo, pero gracias por la preocupación – carita con guiño -. Cuídate y mucha suerte! Leonardo.

Respiré tranquila, satisfecha con el resultado como gimnasta olímpica después de llevarse un quince coma nueve por una rutina cuasi perfecta. Lo había mandado a freír monos al África oriental, y lo había hecho como una dama. Después de esto, según mi lógica, su ego herido no debería permitirle insistir más… O sí?

Veintinueve horas de mi vida más tarde, cuando yo ya no guardaba recuerdo alguno de este personaje, en mi móvil sonó una rotunda campana. Era Leonardo en Whatsapp.

Érase un hombre a un teléfono móvil pegado

Érase un hombre a un teléfono móvil pegado

 

– Cómo estás, cómo va todo? Todavía tengo pelos de tu perra… Jajaa! Te suena de algo Ricardo Ríos?

El tal Ricardo Ríos – oh, Dios mío – era un contacto suyo de Facebook que había sido contacto mío anteriormente. Alguien con quien yo había tenido cierta relación en mi etapa de casada por el círculo de amigos de mi ex marido. O sea, para mí, alguien de la prehistoria. De una prehistoria perteneciente a otra vida. Una referencia tan ajena a la Lola del momento como el sistema Dagobah para un personaje de “Star Trek”.

Ante su pobre excusa para meterme conversación, yo, en tono muy Jedi, repliqué con mucha paz interior – traducidlo como desgana – al día siguiente. Le explicaba eso mismo: que el tal Ricardo había sido conocido en mi antiguo planeta pero que yo ya no era habitante del mismo.

– Ah, claro. No lo veo hace tiempo pero puede ser que nos hayamos cruzado en su casa.

– No. Imposible! Jajaa… No creo que ninguno de los dos tengamos tan mala memoria, por lo menos yo no – chán! -. Sólo he estado en su casa en cenas de parejas, y él en mi antigua casa también.

Silencio. Maravilla. El único vínculo tentativo no existía. Éramos de galaxias muy, muy lejanas. De sistemas solares distintos y distantes. Ahora – pensé yo – me dejará en paz y viviremos felices y comeremos perdices, cada uno por su lado, sin que ninguno le mande al otro ningún mensaje: ni en botella, ni de humo, ni por correo postal, ni por telepatía, ni por internet, ni a través de los intrincados logaritmos de la gran matrix.

Pasaron cuarenta y ocho horas escasas, en las cuales yo trabajé, dormí, escribí, alimenté a Pochola, jugué con ella, la saqué a pasear, me fui de vinos, vi mi serie favorita, me desconecté del mundo, le hice terapia telefónica a mi mejor amigo… Y, de la nada, entre las diversas notificaciones de mi fiel aparato, va y me truena un gong inesperado en la aplicación recurrente.

– Te dejo un saludo, y un beso. Pero no te montes películas, eh? – carita con guiño -. Mmmuuackkk!!

shut up

Eeehmmmm… A ver… Espera que se me pase el atragantamiento por ataque de risa repentino – la gran matrix me había traicionado -. Me podrías explicar qué parte de “no me interesas” no entendiste???

En ningún momento agregué una sola palabra a su desesperada a la vez que absurda asunción de importancia, pero bloquearlo me pareció demasiado esfuerzo. Así que tres meses y medio volaron en mi calendario y… sorpresa! Campana virtual de parte del enano parlanchín.

…En serio?!?

– Hola, Lola. Qué tal, qué es de tu vida?

Grillos cantando por mi parte –  cri cri cri – …

Dos semanas más de insectos ortópteros saltadores.

Leonardo esperando un mensaje de vuelta en WhosApp

Leonardo esperando un mensaje mío de vuelta en WhosApp

– Hola?

Definitivamente ahí me empezó a dar pena. Más pena que vergüenza, más vergüenza que rabia, más rabia que desconcierto, más desconcierto que lata, más lata que apatía, más apatía que otra cosa.

El enano parlanchín tenía un problema de comprensión. “Corazón: NO ME INTERESAS!!!”, le gritaba dentro de mi cabeza, por si el universo me concedía el deseo de llevar mi voz hasta su pensamiento y le terminaba de quedar clarito.

Para que lo empezara a digerir y desistiera, aunque fuera por extenuación, lo bloqueé en la aplicación. Punto y se acabó.

Tiempo no cuantificado después – yo ya ni siquiera residía en el sistema Dagobah, y estaba evaluando la posibilidad de cambiar mi nombre a Lila, que era más pronunciable en mi nuevo planeta -, me llega una solicitud de amistad en Facebook. Es un tal Leonardo Guerrero.

imageVeo su foto, lo reconozco. Los rasgos tremendamente masculinos, los bíceps de griego clásico que dan ganas de morder, la sonrisa de un millón de dólares que ni el David de Miguel Ángel… Qué nombre más bien puesto, me digo a mí misma. Aunque más que guerrero es kamikaze, porque ya he perdido la cuenta de las batallas que lleva perdidas en este territorio que no está a su alcance y a pesar de todo lo sigue intentando!

Ignoro la solicitud. Unos meses más tarde, ataca de nuevo. Y yo lo vuelvo a ignorar, así como una pantera ignoraría a un gato que osara bufarle mientras ella se pasea por la jungla.

Y me pregunto: será éste el truco infalible para que los hombres te busquen? Habrá que echarlos de la cama en plena madrugada?? Habrá que ignorarlos en reiteradas y consecutivas ocasiones para que te sigan escribiendo???

Creo que no sirvo para esto. Mejor me retiro a un convento, o me caso con mi amigo a pilas. Al fin y al cabo, él sólo se enciende cuando yo quiero. Y suena a ronroneo, no a castrato verborreico ni a tetera en pleno hervor.

Será porque su cuerpo articulado de dos cabezas y antenas vibradoras no alcanza los cien grados centígrados de temperatura?

Vete tú a saber… Entre el enano parlanchín y el vibrador, yo, definitivamente, me quedo con el segundo.

 

Si me admiten el consolador, me planteo lo de ser monja!!!

Si me admiten el consolador, me planteo lo de ser monja!!!

(Ésta es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ningún padre con complejo de Zeus, hija perfecta de cinco años, amante parlanchín, moto colosal, aplicación de alerta del tráfico, guardia civil de carretera, perra consentida o usuario persistente de las redes sociales ha sufrido daños durante la redacción de este texto. Los Pitufos, Rumpelstiltskin y los siete enanitos continúan siendo personajes de dibujos animados y cuento, respectivamente, aunque en gesto de solidaridad conmigo los últimos han dejado de cantar “HI-HO, HI-HO” cuando cavan en la mina. Y esta Blancanieves de otra galaxia, que se niega a silbar al trabajar, y más aún a que le hablen durante el acto sexual, sigue sin responder solicitudes de amistad del enanito Gruñón… No vaya a ser que me despiste y me meta en la vagina de oro el pico doblado mientras, cantando alguna aria con su voz de contratenor, me pregunta OTRA VEZ si me gusta o no lo que me hace).

© Lola Mento 💃

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5• Relato al acecho…

En modo escritura✒️📜!!!

Muy pronto, el 5• relato de #50polvosdelola os demostrará que “toda la vida es sueño” y que hay personajes con los que una siente que está haciéndole un homenaje al título de la famosa serie de tv📺 “Historias para no dormir”… Pero en versión risa😄!!!

Permaneced atentos a este cuento moderno sobre el “enano parlanchín”, descubriréis un nuevo concepto del “silbando al trabajar”😝…

 

QUE HABLEN DE MÍ, AUNQUE SEA BIEN😁😜😂!!!

Me siento orgullosa, Lola Mento tiene su primer anti-fan!!!

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…Si después de 1 mes y medio de rodaje en el blog ya tengo detractores y/o moralistas censuradores, es que algo estoy haciendo bien😜.

A los que sí tengan sentido del humor y ganas de ver más allá de la obviedad (esta Lola es mucha Lola, y da para leerla entre líneas y entre letras) los invito a seguir disfrutando de mis relatos basados en hechos irreales de la vida.

Nos vemos al otro lado de la pantalla!

💋

© Lola Mento💃🏻

EL ROCKSTAR VIGORÉXICO METROSEXUAL MOTERO NEW RICH BUDISTA FAN DE KUBRICK (O el arte de llenar vacíos en un cerebro con neuronas afectadas)

EL ROCKSTAR VIGORÉXICO METROSEXUAL MOTERO NEW RICH BUDISTA FAN DE KUBRIK

 

Si las paredes hablaran...

Si las paredes hablaran… Éstas dirían puras barbaridades

El ojo de Malcolm McDowell y sus falsas pestañas pintadas a golpe de delineador me espiaban insolentemente entre el set de instantáneas de “La Naranja Mecánica” que cubría de manera pulcra las paredes mientras el dueño de la casa me metía la lengua hasta las amígdalas y me frotaba el paquete contra un muslo, arrancándome el vestido con dedos urgentes como tentáculos de pulpo en proceso de hervor.

Me tranquilizó que lo que sonara de fondo fuera una mezcolanza de música electrónica y no el Singing in the rain“, “La Gazza Ladra” o la “Novena Sinfonía” de Beethoven

Por un instante, en la terraza, antes de ir a parar a la siniestra y “kubrickiana” sala de cine del inmueble que había visto ya, aunque conocía de antes a mi cómplice sexual del minuto y no tenía referencias psicopáticas específicas, no había podido evitar acordarme de la escena de la violación en la película y temer que en algún momento el individuo sacara unas tijeras de la nada y me recortara dos círculos a la altura de los pechos. Qué queréis que os diga, una es muy fashion y no me hubiera hecho ninguna gracia destrozar el modelito de diseñador independiente que me había puesto para la velada.

Antes de empujarme sobre el brazo más cercano del sofá de cuero negro, Marco Antonio, que así se llamaba el individuo en claro homenaje al militar y político del gobierno de Julio César, con un gesto simple y autoritario me había dado la vuelta rápidamente y me había bajado el tanga hasta los tobillos al tiempo que me dejaba un rastro de saliva a lo largo de la espina dorsal. “Esto promete”, pensé, por su decisión en los movimientos…

Tira más un culo que dos carretas...

Tira más un culo que dos carretas…

Pero lo que pasaba es que era un culómano irredento que se alimentaba de mirar las posaderas de su partenaire (debo reconocer que se me ocurrió la posibilidad de que su verdadera identidad no hubiera salido del armario, pero no quise dejarme contaminar por esa idea).

Lo importante de esta postura es que el morenazo de metro ochenta y seis con ínfulas de rockstar claramente aprovechaba para hacer su entrada desde atrás y de esa manera disimular sus deficiencias.

Porque Marco Antonio, como buen wannabe, tenía aspiraciones, y aparentemente un gran concepto de sí mismo. Pero a la hora de la hora no llenaba sus propios zapatos, y mucho menos las expectativas de una Cleopatra de verdad como yo… Vamos, que la tenía más bien pequeña.

Cleopatra indiferente tras enterarse de que Marco Antonio la tiene pequeña

Cleopatra indiferente tras enterarse de que Marco Antonio la tiene pequeña

No era un miembro ridículo, pero sí limitado (sería consecuencia de algún cóctel de anabolizantes consumido en el gimnasio, como buen vigoréxico?). Le salvaba que tenía buen movimiento de caderas, circular, como de bailarín exótico entregado a su coreografía… Pero la audiencia, en este caso yo, le quedaba grande.

Por favor reemplazar visualmente a este caballero por el cuerpo serrano que Dios me dio

Por favor reemplazar visualmente a este caballero por el cuerpo serrano que Dios me dio, en concreto por el carnoso umbral de mi feminidad

Y ojo, que mi vagina no está abierta de par en par cual Puerta de Alcalá (el monumento en cuestión, para más INRI, brillaba cual faro en la oscuridad al otro lado de los enormes ventanales como metáfora silenciosa de la situación). Es más, esa parte de mi anatomía está casi como venía de fábrica, es decir, sin himen pero igual de turgente, ya que no he tenido hijos más allá de mi perra Pochola, que es adoptada.

 En fin, ya metida en faena, y con un escenario semejante, decidí pasarlo lo mejor posible a pesar de las características del “equipamiento”. Total, la atmósfera era digna, al menos, de un par de polvos.

Buda descabezado por fines puramente decorativos

Buda descabezado por fines decorativos

Aparte de la sala de cine (sin comentarios), el salón con modernísimos e impolutos muebles blancos en los cuales reposaban botellas de los mejores licores, equipos electrónicos de tecnología punta y una peregrina cabeza representando al fundador del budismo (cabeza que corroboraba el discurso sobre búsqueda espiritual que el señorito me había largado durante la cena), estaba empapelado con gigantografias de los Guns & Roses, que era su banda favorita, según él proclamaba.

He aquí la banda favorita del interfecto, posando en las murallas del salón

He aquí el grupo fetiche del interfecto, posando en las murallas del salón

La terraza, en la que habíamos tenido nuestro primer encuentro cercano como culminación de una conversación prototípica que mostraba un falso interés de él hacía mí como persona, y en la que había dado señas de presentar neuronas afectadas tras una no declarada juventud de excesos, gozaba de una vista privilegiada al ya mencionado primer arco de triunfo de la civilización europea tras la caída del imperio romano.

Set toledano del asesino múltiple ideal

Set toledano del asesino múltiple ideal

Con tanto detalle friki, tanta parafernalia y tanta pulcritud ambiental no quise ni entrar en la cocina, no fuera a encontrarme algún cerebro metido en un frasco en el congelador o un juego de cuchillos más profesional que el de un asesino en serie colgando sobre el fregadero.

Su vestidor era digno de Sarah Jessica Parker después de casarse con Mr. Big (tenía una estancia solamente para sus zapatos) y el baño de visitas era un cubículo perfecto sacado de la revista de decoración más codiciada.

Cuando entramos en su dormitorio, los dos ya completamente desnudos, me encontré con una habitación inmaculada presidida por una instalación de luz de 3 x 2 que representaba a Buda meditando en un jardín zen.

Buda concentrado supervisando el acto desde el cabecero de la cama

Buda concentrado listo para supervisar el acto sexual desde lo alto de la cama

Ahí mi cerebro no congelado terminó de hacer cortocircuito (ni él mismo drogado hasta las orejas se creería lo de su búsqueda espiritual).

La cama, tamaño king (estaría tratando de compensar algo??) era un albo ring perfectamente dispuesto para la pelea: sábanas limpias, perfumadas y recién planchadas, las almohadas precisas y bien colocadas, ningún retrato en la mesita de noche como reminiscencia de ninguna ex…

Yo, clamando al cielo

Yo, clamando al cielo

En el momento en el que Marco Antonio me volvió a penetrar con su muestra de pene, esta vez al clásico estilo misionero, no pude evitar volver mis ojos hacia arriba y, a la vez que jadeaba para el público presente, preguntarle en silencio al Buda iluminado: “…Por qué a mí???”.

Rematamos el acto de forma bastante exitosa gracias a que mis dedos ayudaron en la operación y, después de un protocolario y breve post-coito hablando de nada, me llevó hasta La Moraleja en su 4×4 (a pesar de que era famoso por haberse comprado en cómodas cuotas un Ferrari de 160.000 €) y con un breve ósculo me despedí deprisa en la puerta, porque al día siguiente yo tenía que madrugar, y mucho. Quizá pensó que para esta hembra humilde pero capaz de tantas cosas era más adecuado un todo-terreno?? “Concedámosle el beneficio de la duda”, me dije a mí misma. “Es posible que no sea tan tonto como parecía…”, rezaba mi ángel. “Pero igual la tiene pequeña!”, gritaba mi diablilla interior.

El Emporio de los huevos estrellados... Con un par

El Emporio de los huevos estrellados… Con un par!

Pasaron varios días en que su interacción conmigo se basó en poner “Me Gusta” en Facebook cada vez que yo compartía una foto de algo gastronómicamente interesante (el hombre con nombre de amante de Cleopatra y fastuosa mansión versión S. XXI, en realidad era el heredero del restaurante castizo con más solera, famoso por sus “huevos estrellados” y las visitas incógnitas de la familia real española a su tradicional cocina).

Después de una semana larga, a las 11 de la mañana de un sábado, me envió un escueto “Hola” por WhatsApp, al que yo respondí por mero aburrimiento y como consecuencia de los efectos del alcohol.

Acababa de tener una de tantas noches gay (cosa que amo), bebiendo cava y viendo vídeos tontos en YouTube con un amigo querido, que de hecho reposaba en la habitación de invitados mientras yo chateaba.

HandsomeDevil

Marco Antonio me empezó a provocar con fotos insinuantes repletas de músculos y miradas intensamente demoníacas (de hecho, en sus imágenes de perfil se jactaba de parecerse al mismísimo Satanás con su oscuro look de barba de chivo y su expresión turbia), y yo, desde mi cama, en mi aún ligera borrachera acentuada por la falta de sueño, le empecé a provocar de vuelta con una seguidilla de imágenes tomadas in situ y no aptas para menores.

El Fantasma de turno llegando en moto

El Fantasma de turno, llegando en moto a visi

El resultado fue que él, que ese fin de semana se encontraba fuera de Madrid con unos amigos, decidió adelantar su retorno y aparecer en mi casa a las dos de la madrugada cual Vengador Fantasma, despertando a todo el vecindario con el estruendoso rugido de su reluciente y azabache moto de 600 centímetros cúbicos, como si sus tímpanos estuvieran sordos, su alma vendida al Diablo y su presencia de macho supuestamente alfa por encima del bien y del mal de este planeta.

Llegó completamente vestido de negro, así como salido de un vídeo musical de Depeche Mode, la marca italiana de la Medusa adornándolo de pies a cabeza, con una chaqueta de cuero tipo perfect, unos pantalones de tiro largo en plan moderno Lawrence de Arabia, una camiseta ajustada que le marcaba bíceps, pectorales y abdominales y unas zapatillas deportivas que más que para subirse a un potente motor de dos ruedas estaban pensadas para subirse a una pasarela. Agradecí el alarde estilístico, aunque sabía bien que el esfuerzo no era para mí, sino que simplemente no se podía remediar a sí mismo de lo metrosexual que era.

Antes muerto que sencillo!!!

Sin más preámbulos, yo, que lo había recibido enfundada en un ínfimo pijama de short y camiseta de tirantes que acentuaba todas mis curvas, lo tomé de la mano y me lo llevé a la cama.

De camino al matadero, comentó con sorpresa: “Es grande este piso, está muy bien. Además lo tienes bien decorado”. “Gracias”, respondí, mientras internamente hablaba conmigo misma: “Pues claro que lo tengo bien decorado, tengo buen gusto. Y no necesito gigantografías de cine ni rockstars para eso!”. En una décima de segundo me vino a la memoria su aparente humildad cuando, al entrar en su apartamento de lujo, él me advirtió: “Es pequeño, tiene sólo 160 m2 más terraza, pero para mí solo es suficiente. Además, un amigo decorador me ayudó a dejarlo exactamente como yo quería…”. Alabado sea Dios.

You don't have to put on the red light...
You don’t have to put on the red light…

Suspiré y lo tiré sobre mis sábanas de microfibra de poliéster antiarrugas color sangre de toro ante la lámpara con luz roja de mi mesita de noche, que nos miraba circunspecta mientras nos teñía la piel con su bombilla eficiente además de estética.

– Bienvenido al Infierno…

La reencarnación del mismísimo Jefe del Averno se empezó a desnudar frente a mí y, tras darme un beso con mordisco, hizo desaparecer por arte de magia mi ínfimo pijama. Debo reconocer que con la iluminación a lo “Roxanne” era un ejemplar digno de observar. Le faltaba grosor a su rabo de demonio, pero hay que destacar que le ponía enjundia.

Como era de esperar, no fue un polvo memorable, pero la situación “Ghost Rider-Lucifer” había tenido su gracia.

Incluso, cosa con la que no contaba, se quedó varias horas abrazándome mientras dormitaba pegado a mí como una lapa.

El new rich metrosexual vigoréxico motero rockstar budista fan de Kubrick era cariñoso. O, al menos, lo fue durante un rato… Hasta que empezó a sentir picores por todas partes y me confesó que le tenía alergia a los perros.

“Con lo linda que es mi Pochola”, pensé yo.

“Pobrecito”, susurró mi ángel interior.

“CHAO!”, vociferó mi diabla.

En aquel momento, dentro de mi cabeza...

En aquel momento, dentro de mi cabeza…

Y mientras tanto, en mi conciencia, los Guns & Roses empezaban a cantar:

You know where you are,

you’re in the jungle baby,

you’re gonna die

in the jungle.

Welcome to the jungle, 

watch it bring you to your

knees, knees…”.

Ni que decir tiene que, tras quejarse, el señorito de la piel sensible se esfumó cual fantasma de vuelta a su inframundo dejándome felizmente sola en mi cama, cosa que agradecí de modo infinito… Esa cama santuario que compartiría inmediatamente después con la alergénica causante de sus males, Pochola, y en la que soñaríamos a dúo, como buenas perras, con una polla de tamaño natural, ella en versión canina, yo en humana, sin ningún tipo de pudor, lástima ni arrepentimiento de cortesía.

(Ésta es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ningún new rich, papel mural estampado, imagen de Buda, perra consentida o modelito de diseñador independiente ha sufrido daños durante la redacción de este texto. La Puerta de Alcalá continúa en su lugar presidiendo las actuaciones sexuales del protagonista, como metáfora silenciosa de que el tamaño sí importa. Y los Guns & Roses, para su tranquilidad mental, desconocen formar parte de las paredes del piso de lujo peor decorado de la historia de la humanidad).

© Lola Mento