EL ROCKSTAR VIGORÉXICO METROSEXUAL MOTERO NEW RICH BUDISTA FAN DE KUBRICK (O el arte de llenar vacíos en un cerebro con neuronas afectadas)

EL ROCKSTAR VIGORÉXICO METROSEXUAL MOTERO NEW RICH BUDISTA FAN DE KUBRIK

 

Si las paredes hablaran...

Si las paredes hablaran… Éstas dirían puras barbaridades


El ojo de Malcolm McDowell y sus falsas pestañas pintadas a golpe de delineador me espiaban insolentemente entre el set de instantáneas de “La Naranja Mecánica” que cubría de manera pulcra las paredes mientras el dueño de la casa me metía la lengua hasta las amígdalas y me frotaba el paquete contra un muslo, arrancándome el vestido con dedos urgentes como tentáculos de pulpo en proceso de hervor.

Me tranquilizó que lo que sonara de fondo fuera una mezcolanza de música electrónica y no el Singing in the rain“, “La Gazza Ladra” o la “Novena Sinfonía” de Beethoven

Por un instante, en la terraza, antes de ir a parar a la siniestra y “kubrickiana” sala de cine del inmueble que había visto ya, aunque conocía de antes a mi cómplice sexual del minuto y no tenía referencias psicopáticas específicas, no había podido evitar acordarme de la escena de la violación en la película y temer que en algún momento el individuo sacara unas tijeras de la nada y me recortara dos círculos a la altura de los pechos. Qué queréis que os diga, una es muy fashion y no me hubiera hecho ninguna gracia destrozar el modelito de diseñador independiente que me había puesto para la velada.

Antes de empujarme sobre el brazo más cercano del sofá de cuero negro, Marco Antonio, que así se llamaba el individuo en claro homenaje al militar y político del gobierno de Julio César, con un gesto simple y autoritario me había dado la vuelta rápidamente y me había bajado el tanga hasta los tobillos al tiempo que me dejaba un rastro de saliva a lo largo de la espina dorsal. “Esto promete”, pensé, por su decisión en los movimientos…

Tira más un culo que dos carretas...

Tira más un culo que dos carretas…

Pero lo que pasaba es que era un culómano irredento que se alimentaba de mirar las posaderas de su partenaire (debo reconocer que se me ocurrió la posibilidad de que su verdadera identidad no hubiera salido del armario, pero no quise dejarme contaminar por esa idea).

Lo importante de esta postura es que el morenazo de metro ochenta y seis con ínfulas de rockstar claramente aprovechaba para hacer su entrada desde atrás y de esa manera disimular sus deficiencias.

Porque Marco Antonio, como buen wannabe, tenía aspiraciones, y aparentemente un gran concepto de sí mismo. Pero a la hora de la hora no llenaba sus propios zapatos, y mucho menos las expectativas de una Cleopatra de verdad como yo… Vamos, que la tenía más bien pequeña.

Cleopatra indiferente tras enterarse de que Marco Antonio la tiene pequeña

Cleopatra indiferente tras enterarse de que Marco Antonio la tiene pequeña

No era un miembro ridículo, pero sí limitado (sería consecuencia de algún cóctel de anabolizantes consumido en el gimnasio, como buen vigoréxico?). Le salvaba que tenía buen movimiento de caderas, circular, como de bailarín exótico entregado a su coreografía… Pero la audiencia, en este caso yo, le quedaba grande.

Por favor reemplazar visualmente a este caballero por el cuerpo serrano que Dios me dio

Por favor reemplazar visualmente a este caballero por el cuerpo serrano que Dios me dio

Y ojo, que mi vagina no está abierta de par en par cual Puerta de Alcalá (el monumento en cuestión, para más INRI, brillaba cual faro en la oscuridad al otro lado de los enormes ventanales como metáfora silenciosa de la situación). Es más, esa parte de mi anatomía está casi como venía de fábrica, es decir, sin himen pero igual de turgente, ya que no he tenido hijos más allá de mi perra Pochola, que es adoptada.

 En fin, ya metida en faena, y con un escenario semejante, decidí pasarlo lo mejor posible a pesar de las características del “equipamiento”. Total, la atmósfera era digna, al menos, de un par de polvos.

Buda descabezado por fines puramente decorativos

Buda descabezado por fines decorativos

Aparte de la sala de cine (sin comentarios), el salón con modernísimos e impolutos muebles blancos en los cuales reposaban botellas de los mejores licores, equipos electrónicos de tecnología punta y una peregrina cabeza representando al fundador del budismo (cabeza que corroboraba el discurso sobre búsqueda espiritual que el señorito me había largado durante la cena), estaba empapelado con gigantografias de los Guns & Roses, que era su banda favorita, según él proclamaba.

He aquí la banda favorita del interfecto, posando en las murallas del salón

He aquí el grupo fetiche del interfecto, posando en las murallas del salón

La terraza, en la que habíamos tenido nuestro primer encuentro cercano como culminación de una conversación prototípica que mostraba un falso interés de él hacía mí como persona, y en la que había dado señas de presentar neuronas afectadas tras una no declarada juventud de excesos, gozaba de una vista privilegiada al ya mencionado primer arco de triunfo de la civilización europea tras la caída del imperio romano.

Set toledano del asesino múltiple ideal

Set toledano del asesino múltiple ideal

Con tanto detalle friki, tanta parafernalia y tanta pulcritud ambiental no quise ni entrar en la cocina, no fuera a encontrarme algún cerebro metido en un frasco en el congelador o un juego de cuchillos más profesional que el de un asesino en serie colgando sobre el fregadero.

Su vestidor era digno de Sarah Jessica Parker después de casarse con Mr. Big (tenía una estancia solamente para sus zapatos) y el baño de visitas era un cubículo perfecto sacado de la revista de decoración más codiciada.

Cuando entramos en su dormitorio, los dos ya completamente desnudos, me encontré con una habitación inmaculada presidida por una instalación de luz de 3 x 2 que representaba a Buda meditando en un jardín zen.

Buda concentrado supervisando el acto desde el cabecero de la cama

Buda concentrado listo para supervisar el acto sexual desde lo alto de la cama

Ahí mi cerebro no congelado terminó de hacer cortocircuito (ni él mismo drogado hasta las orejas se creería lo de su búsqueda espiritual).

La cama, tamaño king (estaría tratando de compensar algo??) era un albo ring perfectamente dispuesto para la pelea: sábanas limpias, perfumadas y recién planchadas, las almohadas precisas y bien colocadas, ningún retrato en la mesita de noche como reminiscencia de ninguna ex…

Yo, clamando al cielo

Yo, clamando al cielo

En el momento en el que Marco Antonio me volvió a penetrar con su muestra de pene, esta vez al clásico estilo misionero, no pude evitar volver mis ojos hacia arriba y, a la vez que jadeaba para el público presente, preguntarle en silencio al Buda iluminado: “…Por qué a mí???”.

Rematamos el acto de forma bastante exitosa gracias a que mis dedos ayudaron en la operación y, después de un protocolario y breve post-coito hablando de nada, me llevó hasta La Moraleja en su 4×4 (a pesar de que era famoso por haberse comprado en cómodas cuotas un Ferrari de 160.000 €) y con un breve ósculo me despedí deprisa en la puerta, porque al día siguiente yo tenía que madrugar, y mucho. Quizá pensó que para esta hembra humilde pero capaz de tantas cosas era más adecuado un todo-terreno?? “Concedámosle el beneficio de la duda”, me dije a mí misma. “Es posible que no sea tan tonto como parecía…”, rezaba mi ángel. “Pero igual la tiene pequeña!”, gritaba mi diablilla interior.

El Emporio de los huevos estrellados... Con un par

El Emporio de los huevos estrellados… Con un par!

Pasaron varios días en que su interacción conmigo se basó en poner “Me Gusta” en Fakebook cada vez que yo compartía una foto de algo gastronómicamente interesante (el hombre con nombre de amante de Cleopatra y fastuosa mansión versión S. XXI, en realidad era el heredero del restaurante castizo con más solera, famoso por sus “huevos estrellados” y las visitas incógnitas de la familia real española a su tradicional cocina).

Después de una semana larga, a las 11 de la mañana de un sábado, me envió un escueto “Hola” por WhosApp, al que yo respondí por mero aburrimiento y como consecuencia de los efectos del alcohol.

Acababa de tener una de tantas noches gays, bebiendo cava y viendo vídeos tontos en YouTool con un amigo querido, que de hecho reposaba en la habitación de invitados mientras yo chateaba.

HandsomeDevil

Marco Antonio me empezó a provocar con fotos insinuantes repletas de músculos y miradas intensamente demoníacas (de hecho, en sus imágenes de perfil se jactaba de parecerse al mismísimo Satanás con su oscuro look de barba de chivo y su expresión turbia), y yo, desde mi cama, en mi aún ligera borrachera acentuada por la falta de sueño, le empecé a provocar de vuelta con una seguidilla de imágenes tomadas in situ y no aptas para menores.

El Fantasma de turno llegando en moto

El Fantasma de turno, llegando en moto

El resultado fue que él, que ese fin de semana se encontraba fuera de Madrid con unos amigos, decidió adelantar su retorno y aparecer en mi casa a las 2 de la madrugada cual Vengador Fantasma, despertando a todo el vecindario con el estruendoso rugido de su reluciente y azabache moto de 600 centímetros cúbicos, como si sus tímpanos estuvieran sordos, y su alma vendida al Diablo y su presencia de macho supuestamente alfa por encima del bien y del mal de este planeta.

Llegó completamente vestido de negro, así como salido de un vídeo musical de Depeche Mode, la marca italiana de la Medusa adornándolo de pies a cabeza, con una chaqueta de cuero tipo perfect, unos pantalones de tiro largo en plan moderno Lawrence de Arabia, una camiseta ajustada que le marcaba bíceps, pectorales y abdominales y unas zapatillas deportivas que más que para subirse a un potente motor de dos ruedas estaban pensadas para subirse a una pasarela. Agradecí el alarde estilístico, aunque sabía bien que el esfuerzo no era para mí, sino que simplemente no se podía remediar a sí mismo de lo metrosexual que era.

Antes muerto que sencillo!!!

Sin más preámbulos, yo, que lo había recibido enfundada en un ínfimo pijama de short y camiseta de tirantes que acentuaba todas mis curvas, lo tomé de la mano y me lo llevé a la cama.

De camino al matadero, comentó con sorpresa: “Es grande este piso, está muy bien. Además lo tienes bien decorado”. “Gracias”, respondí, mientras internamente hablaba conmigo misma: “Pues claro que lo tengo bien decorado, tengo buen gusto. Y no necesito gigantografías de cine ni rockstars para eso!”. En una décima de segundo me vino a la memoria su aparente humildad cuando, al entrar en su apartamento de lujo, él me advirtió: “Es pequeño, tiene sólo 160 m2 más terraza, pero para mí solo es suficiente. Además, un amigo decorador me ayudó a dejarlo exactamente como yo quería…”. Alabado sea Dios.

You don't have to put on the red light...
You don’t have to put on the red light…

Suspiré y lo tiré sobre mis sábanas de microfibra de poliéster antiarrugas color sangre de toro ante la lámpara con luz roja de mi mesita de noche, que nos miraba circunspecta mientras nos teñía la piel con su bombilla eficiente además de estética.

– Bienvenido al Infierno…

La reencarnación del mismísimo Jefe del Averno se empezó a desnudar frente a mí y, tras darme un beso con mordisco, hizo desaparecer por arte de magia mi ínfimo pijama. Debo reconocer que con la iluminación a lo “Roxanne” era un ejemplar digno de observar. Le faltaba grosor a su rabo de demonio, pero hay que destacar que le ponía enjundia.

Como era de esperar, no fue un polvo memorable, pero la situación “Ghost Rider-Lucifer” había tenido su gracia.

Incluso, cosa con la que no contaba, se quedó varias horas abrazándome mientras dormitaba pegado a mí como una lapa.

El new rich metrosexual vigoréxico motero rockstar budista fan de Kubrick era cariñoso. O, al menos, lo fue durante un rato… Hasta que empezó a sentir picores por todas partes y me confesó que le tenía alergia a los perros.

“Con lo linda que es mi Pochola”, pensé yo.

“Pobrecito”, susurró mi ángel interior.

“CHAO!”, vociferó mi diabla.

En aquel momento, dentro de mi cabeza...

En aquel momento, dentro de mi cabeza…

Y mientras tanto, en mi conciencia, los Guns & Roses empezaban a cantar:

You know where you are,

you’re in the jungle baby,

you’re gonna die

in the jungle.

Welcome to the jungle, 

watch it bring you to your

knees, knees…”.

(“Sabes dónde estás,

estás en la jungla, nene,

vas a morir

en la jungla.

Bienvenido a la jungla,

observa cómo te hace ponerte

de rodillas, de rodillas…”)

Ni que decir tiene que, tras quejarse, el señorito de la piel sensible se esfumó cual fantasma de vuelta a su inframundo dejándome felizmente sola en mi cama, cosa que agradecí de modo infinito… Esa cama santuario que compartiría inmediatamente después con la alergénica causante de sus males, Pochola, y en la que soñaríamos a dúo, como buenas perras, con una polla de tamaño natural, ella en versión canina, yo en humana, sin ningún tipo de pudor, lástima ni arrepentimiento de cortesía.

(Ésta es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ningún new rich, papel mural estampado, imagen de Buda, perra consentida o modelito de diseñador independiente ha sufrido daños durante la redacción de este texto. La Puerta de Alcalá continúa en su lugar presidiendo las actuaciones sexuales del protagonista, como metáfora silenciosa de que el tamaño sí importa. Y los Guns & Roses, para su tranquilidad mental, desconocen formar parte de las paredes del piso de lujo peor decorado de la historia de la humanidad).

© Lola Mento

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