EL SR. INCREÍBLE (Tan increíble… que aún no me lo creo)

Mr. Incredible (cortesía de Pixar, Walt Disney)

Era una proyección viviente del personaje en la película de dibujos animados: alto, la espalda ancha, los brazos de orangután (largos y robustos, casi oscilantes cuando caminaba), el pelo rubio, liso y cortado al estilo clásico (como marinerito en día de fiesta), los ojos de un celeste intenso (que ni Zoolander con su “azul acero”), la nariz corta y recta (cual ejemplar perfecto de la raza aria), kirk_douglas-yooula sonrisa digna de un anuncio de dentífrico (con cierto tinte de mueca y ese destello refulgente en pleno canino), la mandíbula cuadrada y alargada, con una barbilla prominente partida en dos por un hoyuelo (Kirk Douglas que casi estás en los cielos, por favor no te enfades por acordarme de ti en la flor de tu vida)…

Le faltaba el traje de “súper”, pero su cara era una fotocopia de la del Sr. Increíble, y su aparente actitud avalentonada la propia de un héroe en busca de aventuras, o incluso de problemas.

los-increibles-wallpaper-01

Los señores de Pixar lo tenían todo calculado cuando crearon este personaje…

Y digo yo: qué mujer intrépida y/o con sueños de princesa no hubiera querido conocer un hombre así???

El detalle, me temo, es que no me lo creo ni yo cuando digo estas cosas, porque, al igual que otras rebeldes, suelo salirme de la norma del común de las mortales, y además me enorgullezco. Un detalle. Pequeño detalle. Pequeño gran detalle.
Pero bueno, ante el escepticismo bien viene un baño de sorpresa que la aterrice a una en la humildad… Sería esta la ocasión? Moría de ganas por comprobarlo.

Se había acercado a mí de forma inesperada, casi arrogante, haciendo gala de una natural desfachatez a medio camino entre la ingenuidad y la inconsciencia, como quien intenta lo que sea porque sencillamente no tiene nada que perder.
Sin compartir ni un solo amigo en nuestro listado de Fakebook, me había mandado un mensaje interno en el cual me preguntaba: “Qué estarás haciendo tú en este momento, Lola?”. “Lo-la-Mento pero NO es asunto tuyo”, me dieron ganas de responderle… Pero, antes de contraatacar con un exabrupto a su inicial curiosidad (cuasi impertinencia), y pensando positivamente que los milagros quizá sí existen (aunque por fuera me vean entre diva y “dominatrix” también tengo mi corazoncito, lo juro), le eché un rápido vistazo a su perfil.
Tenía mi edad y, a diferencia de muchos, se mantenía digno físicamente: un punto a su favor. Era español, pero con nombre extranjero, y había vivido en cuatro países distintos, lo cual me hacía deducir que su educación y su experiencia biográfica a saltos por el mapa le habían podido proporcionar cierto grado de cultura y de apertura mental: otro punto. No se veían niños en sus fotos, ni había comentarios de mujeres en su muro, ni aparecía emparejado en su estatus sentimental: tercera anotación para su marcador. Sabía que a pesar de todo esto igual podía ser un psicópata, pero de entrada ya tenía un currículum con el que calificaba para, al menos, indagar. Soñar no cuesta nada… Y, además, es refrescante.

IMG_3482

Mi bronceado y yo

 

Yo me encontraba en mis últimos días de vacaciones, concentrada en mí misma y en mi fascinante bronceado, cuando me llegó aquel mensaje pseudo insolente y, teniendo en cuenta el desastre vivido en Italia (que relataré como corresponde) y el fiasco de mis últimos intentos de cita por medio de Kinder (de los que mejor no hablar) decidí responderle algo al individuo, asumiendo que ya peor de lo que me había ido no me podía ir.
– Quién pregunta? Y cómo encontraste mi perfil?
– Me llamo Hahn. Me salió sugerido.
– Qué raro, si no tenemos ningún amigo en común… Será que alguno de tus contactos sigue mi blog?
– Qué blog? No. Ha sido casualidad. Estaba buscando otra persona y apareciste tú.
– Eso sí que es fortuito.

Ahí se inició un diálogo en el cual El Increíble Hahn, hermoso y rubio como la cerveza (que diría cantando Conchita Piquer), separado sin hijos (especie en vías de extinción), nacido en Brasil, de padres y abuelos alemanes (sería descendiente de nazis que huyeron a Sudamérica?), educado en su adolescencia en un colegio en Bahamas y en su juventud en una universidad en Estados Unidos (en cuál de estos dos puntos geográficos lo habrían desvirgado?) y retornado después a España (olé!), donde previamente había residido entre los 4 y los 14 años (que vivan la samba, las salchichas grandes, los cocos y su leche, la libertad y la igualdad, la sangría y el rabo de toro!) se vendía como un hombre “de relaciones largas”, “de gestos, no de palabras” y que había tenido “malas experiencias” en el amor.
“Así como yo??”, pensaba instintivamente… “Tal y como está el patio, todo es posible: de locas también está el mundo lleno”, me respondía la lógica. “De acuerdo, vamos a conocerlo. En una de esas me encuentro con una excepción. Y, si no, lo convierto en personaje. Sin contemplaciones. Como me llamo Lola”.
Y, eficiente como soy, quedé con él para cenar el mismo día que aterricé de regreso en Madrid (perder el tiempo no es mi estilo, a quién quiero engañar…).

Debo reconocer que me dio cierta pereza su tono de indecisión, insistiendo en preguntar qué tipo de gastronomía me gustaba. Soy ecléctica, gourmet y aventurera, a mí que me lleven donde quieran, mientras sea bueno… Muy bueno. Y, si me descubren algo nuevo, mejor aún. Pero aunque mi alma “lolística” jamás lo reconocería públicamente, lo esencial en mi caso, siempre, es la compañía. Y, para qué ocultarlo, una conversación inteligente tira más que dos carretas… O que dos pelotas. Así de claro. Punto. Así que, esperanzada por su “currículum”, le perdoné la indecisión.

Quizá simplemente me estaba mostrando interés, y por eso se tomaba tantas molestias: investigar la hora de arribo de mi vuelo, escribirme inmediatamente en cuanto salí del avión y me vio en línea, averiguar mi comida favorita, impacientarse ante nuestra cita como un quinceañero en pleno desbordamiento hormonal: “A qué hora puedo invadir tu casa?”.
– Jajajaaa… Cómo que invadir?
– Llegar a buscarte. Es que estoy aburrido…
– 21:00 hrs?
– Vale… Me vas a hacer esperar hora y media…

pepito

Mi conciencia según Disney

“Hora y media y lo que haga falta, bonito”, gritó Pepito Grillo en mi cabeza. Y suerte para Hahn que fue él, porque si llega a ser Lolita Grilla la cita ni siquiera hubiera tenido lugar. “Lola, cálmate. Puede que sean sólo nervios, el chico está deseando desvirtualizarte!”, rezaba la vocecita de mi ángel interior, que sí estaba en servicio aquella noche aunque yo no lo supiera.

Con puntualidad germánica tronó mi timbre. Pero 10 minutos antes me llamó para decirme que teníamos reservada mesa a las 22:30, para que nos diera tiempo a tomar algo y conocernos en persona previamente… En mi casa, claro.
El muy… perdón: el Sr. Increíble se había auto invitado por arte de birlibirloque. Y ahí estaba yo, abriéndole la puerta con una sonrisa y ofreciéndole como buena anfitriona que soy algo de beber.

giphy

Yo, siendo encantadora con mi “invitado” (www.giphy.com)

Porque auto invitarse se auto invitó, pero no se le pasó por la imaginación traerse unas cervezas… (“Respira, Lola. Tranquila. Está ansioso porque le gustas”).
A los cinco minutos, y recostado extrañamente entre el respaldo y el brazo de un sofá (se creería “El Majo” de Goya?), empinaba el codo y la botella mientras con mirada perdida escaneaba mi salón y comentaba: “Muy bonita la decoración”.

1024px-Maja_vestida_(Prado)

Por favor sustitúyase a esta señorita por un fornido y rubio caballero (“La Maja Vestida”, Goya)

“Este tío es raro”, me hubiera advertido Lolita Grilla. Pero al parecer la muy zángana estaba aún de vacaciones, bronceándose en algún universo paralelo, porque dentro de mi mente dicha señorita no emitió sonido ni juicio alguno. Y Pepito Grillo, al parecer, se había dormido, o estaría viendo algún partido de fútbol entre insectos, porque para él en aquel momento no hubo nada que opinar sobre el muy… digamos… alemán (solidaridad masculina, quizás? Entre bichos se entienden??).
En fin, que estaba sola ante el peligro y mi conciencia indefensa (y con mi “angelito” en horas de trabajo, sin darme yo ni cuenta), y tal cual me fui al restaurante francés, con el orangután del brazo y la mosca detrás de la oreja pero sin poder procesar aún por qué todo esto estaba sucediendo, y de forma simultánea.

287233__girl-glance-hair-body-blonde-angel-wings-the-cross_p.jpg

Yo, siendo inocente (www.es.forwallpaper.com)

Se le notaba la influencia extranjera en eso de pedirse su plato en vez de hacer un picoteo-degustación… A mí, que me gusta la variedad, me llama poco la atención el sistema tradicional, la verdad. Lo que sí me llamó la atención es que ni siquiera revisara la carta del bistró para ver si había algo nuevo; desde que se sentó sabía exactamente lo que iba a pedir. O sea, que lo de aventurero le llegaba solamente hasta eso de escribir por Fakebook a mujeres desconocidas?? Pero para lo demás, aparentemente, Hahn era un hombre de costumbres. Mal augurio??? “No prejuzgues, Lola. Déjate sorprender”: hablaba mi angelito (y el demonio, o Lolita Grilla, en su defecto, dónde estaban?!?). Me sentía indefensa, pero al mismo tiempo deseaba que, por una vez, para variar, me rompieran los esquemas.
– Un Magret de Pato para mí, por favor.
– Yo quiero el “Coq au vin”. Y como siempre, para acompañarlo, un Clos Fourtet St. Emilion del 2012.
Se dirigió a mí y me consultó: “Te parece bien el vino?”.
– Sí, me parece perfecto, pero mientras llega la comida me gustaría empezar con un cóctel de champán.
Reconozco que esto sólo lo hice para fastidiarle, porque me di cuenta de que, “COMO SIEMPRE”, estaba ordenando la misma botella de todas sus visitas a este templo de la gastronomía extra hogareña. Él asintió, guiñándome un ojo.
– Otro para mí, por favor.
Su acento francés dejaba mucho que desear, pero era más que perdonable porque hablaba correctamente 4 idiomas: español, alemán, portugués e inglés.
– Qué significa tu nombre en alemán, Hahn?
– Gallo.
gallo

“Me está vacilando”, pensé. Y su plato favorito es el pollo al vino… De lo que se come se cría? Me va a enseñar los espolones?? Se le agrandarán después de la cena??? …Esto se pone interesante.
– Me esperaba algo así como “Guerrero” o “Valiente”.
– Bueno, eso lo soy, no hace falta alardear de ello en el nombre.
– Jajajajajaaaaaa.
Y así siguió la cena, con malos chistes y risas complacientes, y algún que otro relato sobre la historia personal de cada uno, cosa inevitable en toda primera cita que se precie.

Yo le hice un resumen acelerado sobre mi ex matrimonio y mi tiempo posterior de soltera, él me relató anécdotas en las que las mujeres de su pasado le ponían los cuernos y le recriminaban su “inocencia” mientras él, en la escena, aparecía como algo a medio camino entre personaje romántico (ramo de rosas en mano, listo para la declaración de amor y el beso de película) y tonto irredento (yendo a buscar a la chica al aeropuerto y encontrándose con que ella llegaba acompañada… por otro).
Me quedó resonando en la cabeza, especialmente, el recuerdo que guardaba de una ex novia brasileña que tuvo a los veintipocos, a la que definía como una fémina “con mucha experiencia en lo sexual” en contraste con el joven Hahn, tierno y en proceso de aprendizaje…

En mi cerebro se estaba formando una imagen de él que tenía el espíritu del chico de aquel antiguo anuncio de perfume: “Cuando un desconocido te regala flores… eso es IMPULSO!”, sumado a la apariencia de algún joven y cantarín Von Trapp con las hormonas revolucionadas de amor y armado hasta los dientes ante la posibilidad de la conquista.

vontrapp

A la izquierda, el joven Von Trapp gritando a coro con su familia (“The sound of music”, Century Fox)

Extraño, pero con potencial. Lindaba esa frontera invisible entre la ingenuidad y la estupidez, pero todo estaba tan teñido de novelesco lirismo que sonaba, incluso, inspirador.

Cuando terminó la cena, y con la confianza de quien ya se había sentado anteriormente en mi sofá (para “Majo” de Goya, él), propuso tomar la última copa en mi casa y ver una película (total, ya se había auto invitado desde el principio… Qué daño podía hacer por insistir??). Yo, después de mi viaje, realmente necesitaba dormir, pero quería saber en qué derivaba la velada, así que accedí a su idea, convencida de que a los diez minutos de filme ya estaría abalanzándose sobre mí y se me pasaría el sopor en décimas de segundo con una trama mucho más interesante que la de la ficción.
Tuve la incauta idea de mostrarle el repertorio cinematográfico de mi disco duro y dejarle elegir, así que cuando finalmente le dio play al control remoto lo que mi pantalla comenzó a emitir fue: “El Padrino, Parte 1”.

el-padrino-poster.jpg

(Paramount Pictures)

Nada en contra, es una joya del cine, pero ahora, hablando en serio: a qué persona en su sano juicio se le puede pasar por la imaginación que una película en la cual matan gente a sangre fría y aparece la cabeza del caballo favorito del protagonista empapando de sangre su propia cama puede ser la antesala de una situación erótica???

A no ser que la chica en cuestión pertenezca a la mafia o sea asesina en serie, creedme, hombres del mundo: “El Padrino” (cualquiera de las Partes) es lo último que deberíais elegir si queréis ponernos cachondas. No digáis que no os lo advertí.
Además, que Marlon Brando dentro de su personaje tiene un tono de voz extremadamente grave y monótono no apto para cansancios post viaje como el que yo sufría en aquel momento (estas cosas me pasan por portarme mal, debería haber quedado con él al día siguiente tras haberme repuesto como debía ser de la última juerga vacacional). En fin… que en un punto a mí me empezó a dar un sopor que ni a la Bella Durmiente (soy humana, siento decepcionaros) y él, en aquel desvanecimiento “Morféico” mío, vio su oportunidad para rescatar a la damisela en apuros con un beso.

sleeping-beauty-aurora-sexy-disney-princess

Hahn, dándoselas de Príncipe Encantador mientras yo me dormía a su lado en el sofá

Bueno, en estricto rigor creo recordar que lo primero que me sacó de la antesala al sueño fue la presión de sus enormes dedos en mi teta derecha, y a partir de ahí El Increíble Hahn, con su inmensa corporalidad, se desplomó sobre mí sin previo aviso cual carro de combate lanzándose a la guerra y me metió la lengua hasta las amígdalas como quien milagrosamente logra poner una pica en Flandes, pero sólo porque el enemigo está distraído.
No besaba mal, pero tampoco especialmente bien… “Estará nervioso”: lo justifiqué. Tenía esa torpeza de las personas grandes, ese no sé qué bruto y desgarbado de quien nunca se terminó de acostumbrar a su propio cuerpo por más que hubiera cumplido ya la cuarentena. Con movimientos ansiosos me levantó del sofá y me condujo a mi dormitorio haciéndome durante el trayecto por el pasillo un boca a boca ininterrumpido e indiscriminado, y al traspasar el umbral me tiró sobre el colchón mientras comenzaba a desvestirme con aliento entrecortado y manos de mantequilla. Mientras le abría la camisa y los pantalones, le eché mano a su paquete, que asumí que a esas alturas estaría a punto de caramelo…

tumblr_lryf5lRBSq1ql6o50o1_400

Tanteando “el producto”

Error.

A pesar del intenso magreo aún la tenía fofa. Desconcertada con este descubrimiento, empecé a aplicar masaje enérgico en la zona con ambas manos mientras continuaba mordisqueándole los labios y acariciándole su lengua con la punta de la mía. Se le estaba poniendo morcillona, pero aquello era aún un pedazo de carne sin atisbo de hueso…

De pronto oí un “clic” de fondo, y al abrir los ojos me di cuenta de que el Gigante Rubio acababa de apagar la luz roja de mi mesita de noche… Con lo sexy y favorecedor que es su efecto sobre las pieles desnudas… Que dan ganas de ponerse a cantar: “ROOOXANNE!!!”. “Por qué apagas la luz?!?”, exclamé. No obtuve respuesta.
Un segundo y medio más tarde Hahn tenía la cara hundida en mi coño, y estaba enfrascado en la loable misión de satisfacerme oralmente. No le iba a reclamar por eso, por supuesto. Además, que así se podía concentrar en algo concreto y se le pasarían los nervios de una vez por todas, me dije a mí misma dentro de mi mente. No desató fuegos artificiales ni me hizo olvidarme de mi nombre, pero sí distrajo durante un rato mi atención del asunto que me inquietaba.
Mojada y caliente como estaba quería una polla dentro, y rápido. Volví a palparlo a la altura de los barrios bajos: “No puede ser… Esto está peor que hace 10 minutos”.

1259091852_0

Ilustración: Lucy Gutiérrez

Pero no hay miembro que se resista a una mamada de Lola. Así que me puse a la tarea, segura de mi eficiencia y confiando en que, con la estimulación adecuada, el arma secreta del Sr. Increíble se desplegaría ante mí cual imparable cañón teledirigido por el deseo.

Tras aproximadamente un cuarto de hora succionándolo y lamiéndolo cual gata en celo versión aspiradora (cuarto de hora que se me hizo eterno por la pobre respuesta de la salchicha rebelde), Hahn me pidió que me pusiera encima. “Pero si no está dura todavía!”, gritó en mi interior Lolita Grilla. “A buenas horas me vienes a asesorar, perra desgraciada”… Si no llega a ser parte de mi conciencia, la hubiera estrangulado en ese instante. Hahn osó insistir en que lo montara. Me incorporé, colocando mi vagina sobre su globo desinflado, sabiendo que mecánicamente era imposible que aquel chorizo sin alma me penetrara. “Para esta posición le falta. Así no va a entrar”, le dije, a ver si se enteraba de una vez por todas de lo que estaba aconteciendo. Por inverosímil que resulte, su disfunción eréctil, para él, parecía no existir.

etc_elephantroom50__01__630x420.jpg

Era como un elefante en la habitación, pero él no lo veía… Y yo, entre atónita y descolocada, e interiormente aproximándome al borde de la indignación, no quería creer aún que fuese real. Le di unas cuantas chupadas más al instrumento defectuoso, sin lograr grandes resultados. Proseguí tocándolo un rato, como quien toca una trompeta sin sacarle ni una sola nota musical. Nada. Nada de nada. Sin venir a cuento, entonces, el inútil Von Trapp se levanta de la cama diciéndome: “Espérame un momento”. Y desaparece, rumbo a mi salón. “Habrá ido a buscar un condón”, pienso. Pero pasan más de dos minutos y no regresa, y mi casa no es tan grande… “Se estará tomando un Viagra??? …Pero cómo ahora, si se supone que el efecto tarda lo suyo?!?”.

viagra.png

Justo en el momento en el que empiezo a pelearme con mi lógica, Hahn vuelve a la carga. Me honra con su presencia y, tras enfundarse dificultosamente un preservativo, intenta la posición del misionero. Le pone empeño, pero le falla la potencia. Gatillazo. Y yo que durante la cena me estaba imaginando sus espolones hinchados… A este tío no le da para gallo de corral, con suerte es un pobre Gallo Claudio. Pero es su pene, no él, el tonto inseguro con voz de pito…

Looneytunes-FoghornsDate

Hahn según Looney Toons

De nuevo sin venir a cuento y sin ninguna explicación, se vuelve a levantar y hace un temporal mutis por el foro. No me da la moral ni para seguirlo y ver qué diantres es lo que está haciendo, ni a dónde ha ido exactamente. “Otro Viagra?!?”, me espeta Lolita Grilla. “Si es así, sólo pido que no le dé un infarto mientras folla conmigo. Eso si lo consigue…”.
Ni siquiera le cuestiono su extraño comportamiento. Quiero terminar con esto lo más dignamente posible, que se marche por donde llegó y dormir tranquila (que ya va siendo hora) sin más compañía que la mía propia y la de mi perra Pochola, que ni siquiera se dignó mirarlo cuando entró en mi casa, con su elefante escacharrado, para dejar todas las figuritas en pie menos la suya.
Tomo aire por la nariz, como quien se oxigena antes de una meditación. “…Ohm, Lola, ohm…”. El Increíble Hahn retorna al colchón, y con mucho esfuerzo y la invaluable ayuda de mi pelvis elevada logra, al fin, metérmela. No me manosea, no estimula ninguna de mis zonas erógenas, no me estruja las nalgas, no me muerde el cuello ni me come los pezones, sólo empuja su pelvis contra la mía en un intento -no sé- de reivindicar su hombría??? Y, mientras lo hace, me pregunta reiteradamente si me gusta lo que me está haciendo, si lo estoy pasando bien, si me excita esa postura…
Ni que decir tiene que el tiempo que pasa bombeándome es uno de los eventos menos memorables de mi vida sexual, por no decir que habría que clasificarlo dentro del ranking de las tres peores catástrofes que he tenido la desgracia de sufrir entre las sábanas. Eso sí, ya que estaba en ello, me preocupé de mí y, mientras él ejecutaba sus penosas embestidas, me masturbé a mí misma como si no hubiera mañana, de modo que pudiera clausurar aquella tragedia con, al menos, un esbozo de relax y un clítoris desestresado y sin rencores… No fue simple, debo confesar. El hecho de que su apéndice fuera cualquier cosa menos turgente y de que él, con sus más de cien kilos de superhéroe en plena crisis de los cuarenta, respirase como Darth Vader al límite del ataque de asma, no ayudó en absoluto. Porque Hahn, una vez en el cuadrilátero sexual, no tenía un ritmo respiratorio normal. Su manera de procesar el oxígeno era algo así como un jadeo intermitente a velocidad de fiesta electrónica extrema. Sería que lo que había estado haciendo en mi salón era ingerir alguna droga a escondidas? Cocaína, tal vez? Éxtasis?? Alguna sustancia sintética??? Imposible saberlo… Menos aún si tenemos en cuenta que su triste verga más parecía estar bajo los efectos del valium que del Viagra, y que por lo desastroso de su actuar el individuo probablemente era un depresivo con tratamiento en curso tratando de ocultar su “gran secreto” ante sus potenciales conquistas… Como si fuera tan fácil seguir viéndose normal después de la nochecita toledana que me estaba dando…
Gracias a Dios no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista), y tan pronto eyaculó me quité su peso semi muerto de encima y salí corriendo al baño. La mala noticia es que al volver a mi dormitorio el peso semi muerto continuaba allí, en estado semi ausente, semi desparramado y aún totalmente desnudo. Y, para colmo, en mi lado de la cama. Me tumbé en el poco espacio libre que me había dejado, y delicadamente le empecé a dar golpecitos en el brazo.

want-you-to-leave.gif

Lo mismito que os estoy contando, pero justo al revés (www.headoverfeels.com)

– Hahn… Despierta… Quiero dormir sola.
Ni que le hubieran pegado con un garrote en mitad del cráneo y después puesto a criogenizar… Silencio. Ronquido. Más silencio. Persistí, con tono cantarín.
– Buenos díasss…
Resoplido. Silbido. Rotación del cuerpo del delito. Silencio.
Lo quería matar, pero soy consciente de mi fuerza y no hubiera sido capaz de arrastrar esa tonelada de humanidad hasta el ducto de la basura. Así que le agregué intensidad a mi voz y reiteré mi merecida petición de soledad.
– Hahn… De verdad, estoy súper cansada y quiero mi cama para mí. Por favor, necesito que te vayas.
Se incorporó con desgana y un evidente ademán de molestia.
– Ya me marcho… Te había oído antes, no hace falta que lo repitas más.
– Bueno, es que es la tercera vez que te lo digo y no te habías inmutado…
Callado como una tumba y con cara de gallo desplumado, se vistió y lo acompañé a la puerta.
– Lo has pasado bien?
Mi único deseo era sacarlo de mi apartamento, y cuanto antes.
– Si, lo he pasado bien.

tumblr_mlg10ytoo91s1xbe9o1_500

Yo, disimulando

– Sé que tú no te andas con rodeos, Lola, contéstame de verdad: cómo lo has pasado?
Me miró a los ojos muy fijamente.
– Bien, Hahn, bien. Pero te puedo hacer una pregunta?
Asintió.
– …Estás tomando algún tipo de medicación??
Su rostro se desconfiguró ligeramente. Le estaba dando la oportunidad de aclarar su trágico desempeño, si es que había aclaración posible para tal despropósito.
– Por qué preguntas eso?
(Te parece poco motivo que ante semejante hembra no se te haya levantado instantáneamente el monolito, que hayas desaparecido dos veces del dormitorio durante el acto sin especificar dónde ibas ni por qué y que suenes como el señor padre de Luke Sky Walker cada vez que haces un mínimo esfuerzo físico???).
– Es que tu respiración ha estado todo el tiempo demasiado acelerada, de hecho a ratos me tenía preocupada el ruido…
Rodó los ojos hacia arriba y movió los hombros nerviosamente.
– No, lo que pasa es que tengo adenoides de toda la vida, por eso respiro así.
– Ok…
Me dio un insulso beso en los labios, y se despidió.
– Que descanses.
– Igualmente. Buenas noches.
249Y puse todos los cerrojos, cadenas y seguros a aquella bendita puerta (no fuera a querer atravesarla el espíritu del difunto pene), carcajeándome por dentro con las patrañas que acababa de escuchar en boca del Increíble Hahn, que había resultado ser increíble por razones totalmente opuestas a las imaginadas por mi mente calenturienta al inicio de aquella fatídica noche de final de verano.

Un par de días después me saludó por Whosapp. Le contesté tras varias horas y con monosílabos, por culpa de esta insana curiosidad que Dios me dio… Habría decidido confesarme que había usado Viagra la otra noche pero que le hizo cortocircuito con sus antidepresivos?? Pues no. Me habló del tiempo. Literalmente. Eso fue todo.

Exactamente una semana más tarde recibo otro mensaje suyo, preguntando cómo estoy y en qué ando. Este individuo se aburre mucho… Le hago saber que estoy ocupada, y cuando me pide que le avise cuando deje de estarlo concluyo que voy a llegar MUY tarde a mi casa, sin darle opción a más. Al día siguiente me manda un vídeo con un chiste horroroso de cariz sexual. Me está tomando el pelo… Con qué cara, si ni siquiera le funciona “el aparato”?!?

Pasan cuatro días. Me saluda de nuevo.
– Buenos días.
Eran las nueve y veinte de la mañana. No le respondo. Diez menos cuarto de la noche, vuelve a la carga.
– Qué linda foto.
Acababa de cambiar mi imagen de perfil en ese momento… Según parecía, el Gallo Claudio vivía pendiente de mis movimientos en Whosapp.
– Jajajajajaaaaa… Gracias.
Ahí me empieza a meter conversación, tratando de averiguar cuándo voy a estar disponible. Con varias frases imprecisas le doy calabazas cual anti hada madrina de Cenicienta.
– Mi agenda es un ente con vida propia. Nunca sé por dónde me va a salir…
Wow.
Tras una hora, y viendo que yo no le había escrito nada más, me manda un “Buenas noches” y un emoticón angelical.

Pasa otra semana. Estoy abriendo los ojos en Milán, donde me encuentro por trabajo, con toda la locura de la Semana de la Moda. Veo en la pantalla de inicio un Whosapp de Hahn.
– Milán?
Lo ignoro, pero me queda resonando en el fondo del cerebelo la molestia de sentirme vigilada. Salgo a trabajar. A última hora, antes de irme a dormir, y aún con la molestia consciente, le envío un mensaje.
– Cómo sabes? Igual me llama la atención que me sigas escribiendo. Si está clarísimo que no hubo química entre los dos… Te juro que no lo entiendo. Y honestamente encuentro que es una pérdida de tiempo.
Se toma veinte minutos, posiblemente porque además de problemas de erección el personaje tiene problemas de comprensión escrita, y entonces hace su impactante réplica.
– Tú me dijiste… Estás tan equivocada que no lo sabes, pero en fin. Bye.

Hahn Schweitzer: contacto bloqueado. Si soy yo la “equivocada”, que baje Dios y lo vea. Qué liberación saber que en mi teléfono no pueden entrar más saludos, chistes malos ni intentos de conversación de semejante espécimen. Suelto una sonora carcajada mientras apago la luz en la habitación de mi hotel de cinco estrellas con vistas a la madrugada italiana y me voy a dormir, sabiendo que los cuentos de hadas y los superhéroes no existen, y que el príncipe azul, además, si se te acerca, destiñe indefectiblemente.

Adiós, Sr. Increíble. Lo único que tenías de increíble era la cara dura de seguir hablándome después del gatillazo más apoteósico de la era contemporánea. Ahora, LO-LA-MENTO, pero vas a tener que explicarle a otra lo de tus “adenoides”… Y, de paso, comprarte en internet una nueva espada láser, porque la tuya no mata a nadie. Yo, como hacemos las mujeres de verdad, me voy a buscar un Han Solo (sin hache intercalada) con una polla de carne y hueso que me deje bien claro el poder de “la fuerza”. Porque yo lo valgo, y mi coño tiene todavía galaxias nuevas por descubrir.img-meme_badass_han_solo

(Ésta es una historia basada en hechos irreales de la vida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ningún superhéroe de capa caída, macho principesco, pollo al vino, polla defectuosa, gallo con voz de pito o copia de “El Padrino” han sufrido daños durante la redacción de este texto. Los Laboratorios Pfizer continúan fabricando y vendiendo Viagra en todo el mundo, y el Sr. Increíble aún no comprende por qué fue bloqueado en mi teléfono después de tan romántica velada. Si alguien de los que me lee conoce algún desastre así, que por favor le regale el libro “Cómo hacer bien el amor a una mujer“…  Al menos así evitaremos que otra pobre fémina tenga la peor cita de su vida).

© Lola Mento

Anuncios